NO TODO LO QUE RELUCE ES ORO. El Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio e Inversión entre la UE y los EEUU.

Verónica Gómez Calvo                                                                                             
Miembro de la Comisión Internacional de ATTAC España.

La UE y el gobierno de Obama se comprometieron, en Febrero de este año, a iniciar las negociaciones que llevarían a consolidar el mayor mercado de libre comercio del mundo con la promesa de que incrementaría el PIB al menos en un 1% en la UE y crearía millones de puestos de trabajo a ambos lados de atlántico.

Sin embargo, este es un acuerdo que ha emergido como un proyecto político de las élites corporativas, que ha sido negociado a puerta cerrada y que pretende mucho más que la simple eliminación de aranceles y otros obstáculos regulatorios, armonizando los estándares y regulaciones a ambos lados del atlántico para abrir ambos mercados a los inversores. Lo que nos debe preocupar es que los negociadores de este acuerdo se están centrado en eliminar las regulaciones sociales y medioambientales que protegen a los consumidores, los trabajadores y el medioambiente, degradándolas de tal manera, que otorguen a los inversores y multinacionales, una libertad y unos beneficios hasta ahora desconocidos.

El estudio realizado por la Comisión Europea sobre el impacto que tendría en Europa un aumento del comercio con los EEUU, llegó a la conclusión de que significaría un “shock inicial en los sectores más afectados que llevaría a la reestructuración de los mismos”.  Se refiere a sectores como los productores de carne, de fertilizantes, de bioetanol y de azúcar, que competirán en desventaja con sus homólogos americanos.  De acuerdo con este estudio, también caerá la producción en la maquinaria eléctrica, los equipos de transporte y en el sector metalúrgico, así como en otros sectores primarios, lo que incluye los productos de madera, papel,  los servicios de negocios, comunicaciones y los sectores de servicios personales, el informe continúa diciendo que, como consecuencia, podría haber importantes costos asociados a estos ajustes. Ni que decir que en España ya sabemos lo que esto significa tras la reestructuración productiva que sufrimos con la entrada a la Unión Europea: miles de trabajadores que se van al paro y necesitan plantearse nuevos sectores en los que trabajar. Sin olvidar lo que puede suponer para el incremento de la fractura Europea, distanciando todavía más las economías periféricas de las economías del centro.

Además, la armonización de las regulaciones a ambos lados del atlántico podría afectar severamente a los derechos laborales europeos, ya que EEUU rechazó categóricamente ratificar algunos de los estándares laborales de la OIT y no reconoce entre otros, los acuerdos de libre asociación ni las acciones sindicalistas.
Por otro lado, la regulación americana sobre los servicios financieros es más estricta y podría verse afectada por los grandes bancos que intentan revertir los esfuerzos que se están haciendo por ejercer un mayor control financiero, justo en un momento en el que el mismo FMI y el Banco Mundial reconocen que es necesario un control del capital para prevenir la fuga especulativa y desestabilizadora de capitales.

Además, el acuerdo es una amenaza seria a los derechos. Mientras que en EEUU las compañías tienen acceso ilimitado a la información personal de los ciudadanos, en Europa todavía se garantiza cierto grado de privacidad y protección a través de la ley. Por otro lado, ¿qué garantía supondría firmar un acuerdo de tal envergadura con un país que se sabe espía masivamente a políticos, empresarios y ciudadanos? También, peligraría gravemente el mismo modelo social europeo que estamos intentando preservar a pesar de los continuos ataques que se excusan en la crisis, por poner un ejemplo, la inclusión de nuevas cláusulas sobre inversiones que favorecen a las corporaciones farmacéuticas y de servicios de salud, podrían impedir que los europeos sigan accediendo a un sistema de salud asequible al incrementar la protección de las patentes y cortar el acceso a medicinas genéricas que se usan para salvar vidas. No sólo esto, la “armonización” de las reglamentaciones y estándares llevarán a la comercialización de los servicios públicos y sus instalaciones, aumentando de esta manera el coste para los pacientes europeos.  Una de las demandas claves de la patronal hasta ahora, ha sido garantizar que la contratación pública esté abierta a la competición global en lugar de favorecer la contratación de pequeñas empresas del lugar para estimular el desarrollo local. Por otro lado, un futuro en el que los europeos tengan que competir frente a los americanos para atraer a las empresas y la inversión, puede inaugurar otro periodo de recortes laborales y reducciones de sueldos ante la posibilidad de que las compañías puedan relocalizarse fácilmente al otro lado del Atlántico.

Por si esto fuera poco, el acuerdo incluye un mecanismo para solventar demandas legales por el cual las corporaciones estarán en su derecho de demandar a los gobiernos europeos directamente en tribunales extranjeros y fuera de la UE. Para que esto suceda, sólo será necesario que sientan que las leyes de dichos países en las áreas de salud pública, medioambiental, o de protección social, interfieren con sus propios intereses. Es fácil que ante semejante posibilidad, y la amenaza que supondría tener que pagar indemnizaciones millonarias a estas corporaciones, este mecanismo actúe como un freno disuasorio a la hora de instaurar una legislación progresista que defienda el bienestar de sus ciudadanos.

Y ya sólo para finalizar, tengamos en cuenta lo que este tratado significa en términos globales. El Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio EEEUU- UE es una manera de reestructurar el comercio internacional en el mundo e imponer las demandas de EEUU y la UE sobre los países que hasta la fecha se habían resistido a liberalizar sus economías, y de imponer un camino único y trazado según los intereses de ambas potencias, sin importar si sirve también a los intereses de los países del sur. Este acuerdo es además, una estrategia para que las élites corporativas superen a las economías emergentes como India, Rusia, China, Brasil, Sudáfrica y la asociación de naciones del Sudeste Asiático, y recupere el liderazgo internacional que ha visto amenazado por los cambios habidos en los últimos años en el nuevo orden mundial.

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