Su realidad, nuestra realidad: manual de traducción simultánea



Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España
Artsenal - frontera surCientos, miles, de personas ahogadas en el mar de la esperanza arrojan sus muertes sobre la hipocresía occidental. Cuando ministros y prebostes europeos se rasgan las vestiduras y dicen sorprenderse y “se preocupan” y proponen “tomar medidas” para atajar esa sangría, siguen pensando más en sus réditos electorales que en solucionar el problema. En caso contrario, no hubieran contribuido a crearlo y a aumentarlo. Casa mal poner trabas y aristas cortantes para evitar “el efecto llamada”, ahorrar en salvamento, y llorar después por la sangre derramada. Racismo y egoísmo también tienen un público, pero en líneas generales la sociedad soporta mal las tragedias en masa y ahora toca conmoverse. Hasta la próxima de esta sinrazón que sí tiene culpables y ni siquiera son los mayores las mafias de las barcas que mencionan en exclusiva quienes quieren evadir responsabilidades.
Todo forma parte del mismo entramado. Los hechos suelen tener causas, antecedentes, desarrollo y aunque parezca una obviedad merece la pena resaltarlo. Una sociedad a  infantilizar, a emocionar, entristecer y apaciguar mediante impactos, necesita encontrar un tiempo para reflexionar por sí misma. Y comprobar las falacias de las realidades paralelas, sus contradicciones, traducirlas a verdad.
España se bate estos días, en concreto, entre quienes trabajan por perpetuar –con mayor o menor maquillaje- un sistema altamente degradado, y quienes han visto la posibilidad de intentar cambios. Si a los aposentados se les cae podrido un partido, se propicia otro con la cara más limpia. Se apuesta por pactos convenientes y sobre todo se apela al bolsillo: la economía, la baza económica, la euforia económica como ya se califica y comercializa para el consumo irreflexivo. Pero ¿qué quieren decir con ello y qué es lo cierto?
La baza económica
En efecto, las cifras de crecimiento del PIB español están siendo espectaculares. Y muy alabadas por las madres y padres del sistema, desde Lagarde a Draghi. Aunque, eso sí exijan, muchas más “reformas”. Laborales sobre todo. Ya nadie se molesta en ocultar que la devaluación de los salarios y derechos en España está detrás de esas cifras de su realidad.
 Se difunde menos cómo lucen ahora tan lustrosos los porcentajes del crecimiento. Y mucho influye que se contabiliza como riqueza nacional la prostitución y el tráfico de drogas y las armas como inversión. Ya se ha evaluado que estas actividades ilegales han proporcionado al PIB de la zona euro un 3,7% de subida, del que cae un buen pellizco en España.
Son “cambios metodológicos” con los que funciona la realidad contable de los que mandan y aspiran a seguir mandando de por vida. Como ya comentamos, el PSOE pretende excluirlos del cómputo, al igual que Francia.  Regular el puterío como piden Albert Rivera y Esperanza Aguirre todavía aportaría más aumento de las cifras.
Los que no traficamos con las vidas, el cuerpo o la salud de las personas -ni siquiera para embellecer los balances macroeconómicos-  tenemos otra realidad: la que ofrecen los ancianos apostados en la puerta de los supermercados modestos para recoger comida. La que ya lleva a más de dos millones de personas a los comedores sociales. La de las persianas que se cierran sin remedio en los comercios. Las de los desahucios. Las brutales en el aumento de la desigualdad que ha condenado al 30% de los ciudadanos a la exclusión permanente, como denuncia el Informe Social de la Nación.  Las del dolor de la injusticia. La de la esperanza de cambio.
Esta realidad no es presentable, no queda bonita cuando vienen las visitas. Como también se atraganta la de los cuerpos ahogados por la emigración. Lo peor es que han intentado convencernos de que es su realidad el objetivo a perseguir. Los países son empresas mercantiles, con sus jefes y socios privilegiados, y no sociedades de personas en busca de su mejor desarrollo en convivencia. Aquí y en todo el mundo regido por la codicia. Lo terrible es que hasta víctimas de la patraña han engullido ese mensaje.
 Es como cuando el Tribunal Supremo argumenta para exonerar a los bancos de pagar por todas las cláusulas suelo suscritas que considera ilegales, que ello supondría “un quebranto económico para las entidades”.
¿Y nuestro quebranto económico dónde queda? ¿Y el de las familias a las que echaron a la calle esas mismas entidades? Y ¿cómo es que semejante sentencia no llena las tertulias y las declaraciones de los políticos en campaña? Porque forma parte de “su” realidad.
A todo esto, mirando las cifras aportadas por el FMI, nos encontramos con que “la baza económica” ofrece lagunas considerables. No las que les cuentan en marañas los economistas del sistema. Otras, de aplastante evidencia. España presumía de ser la 8ª potencia económica del mundo en los gloriosos días de la burbuja inmobiliaria y ahora, 8 años después, está en el puesto 14.  Y por detrás de México, país que todavía presenta mayores desigualdades sociales que las que ha traído la España del PP y sus colaboradores.
El milagro de la recuperación de Rajoy que ha desatado esa “euforia económica”  se ha basado en recortar sueldos, subsidios, todos los servicios públicos y numerosos derechos. No hay otro modelo productivo, y menos tras ahogar la ciencia y la investigación. La destrucción de empleo y el aumento del paro en esta legislatura, todavía deja cifras peores de las que el PP se encontró.
Ni creando trabajo precario, temporal y parcial hemos llegado a l 21,5% de desempleo con el que empezó el PP. Estamos en el 23,3%. En la realidad de los Notables no entra contar este dato en condiciones.
Y aún nos faltan los repagos y el incremento de impuestos que nos ha llevado a los ciudadanos (no miembros del clan) a pagar más que en las dos últimas décadas. Y aún así han saqueado la hucha de las pensiones y han incrementado la deuda pública a niveles inasumibles: Debemos 1,04 billones de euros. Solo este año ha incrementado la deuda el PP en 47.000 millones de euros. Casi 300.000 en esta legislatura. Millones. De euros. Son esos lastres que atan por los genitales a quienes, como Syriza en Grecia, quieren hacer las cosas de otra manera que palíe el destrozo previo y frente a los empleados del “mejor como estamos”.
El lema es pagar lo que se debe. Salvo para los bancos españoles, cuyo rescate nos deja una deuda de –oficialmente- 40.000 millones de euros que tampoco suscita especial alarma de tertulias y medios.
Nuestra realidad sí se alimenta de todos estos hechos. Son los que nos aplastan. A nosotros y a otros ciudadanos del mundo. Ellos andan distribuyendo su realidad, sus datos, sus motos, sus pactos, sus trabas, sus lágrimas de cocodrilo. Absurdo, admitir que su bienestar a costa de los demás es la norma. Porque aún llegarán muchos más abusos. El TTIP para consagrar los derechos de las corporaciones sobre las personas. Los “ahorros” que ahogan cada vez más vidas, en el mar y fuera de él. Su insultante doblez. Su realidad se construye, se nutre, con la nuestra. En particular, con la que la acepta.

Publicado en eldiario.es

El Periscopio
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