Juan Francisco Martín Seco – Consejo Científico de ATTAC España
En los mentideros de Europa se decía hace unas semanas que en Alemania, comenzando por la propia Merkel, contemplaban la salida del euro de Grecia como algo asumible; habían echado cuentas y les salía más barato enjugar las pérdidas que se pudieran derivar de este hecho para Alemania y para sus entidades financieras que apoyar un nuevo rescate al país heleno. Utilizaban la metáfora de la cadena aplicada a Europa, cada país un eslabón; la eliminación del eslabón más débil haría más fuerte la cadena.
Ahora se dice que han cambiado de opinión y que la figura que manejan es la del dominó. La caída de Grecia arrastraría uno tras otro al resto de los países; por ello, Alemania y la TroiKa quieren evitar la salida de la Eurozona del país helénico y están considerando, por tanto, flexibilizar las condiciones de su rescate.
Pero ¿Qué dice Grecia? ¿Qué le conviene? ¿Cuál es su situación actual? Grecia es un país intervenido, me atrevo a decir ocupado. Ha perdido su soberanía en la práctica. El Gobierno es un títere en manos de organismos internacionales, irresponsables democráticamente, y de otras naciones, sobre todo de Alemania. Su población se ha empobrecido hasta extremos atroces. Cualquier descripción de las condiciones de vida actuales de la sociedad griega da escalofríos. Se diría que se encuentra en una situación de posguerra. Y parece que el proceso destructivo no ha hecho más que empezar.
A pesar de todos los sacrificios exigidos al pueblo griego, de los importantes recortes en su más que parco Estado de bienestar, de haber adoptado todas las medidas impuestas desde Berlín, Francfort o Bruselas, permanece hundido en la recesión y su situación económica empeora sin que vea en absoluto el final del túnel. Si su PIB se redujo en 3,5% tanto en 2009 como en 2010, en 2011 la disminución fue del 7%, y es previsible que durante este año 2012 la contracción sea similar. En cuatro años la economía griega ha perdido más del 20% de su PIB y nada indica que pueda mejorar. El déficit público, a pesar de todos los ajustes, continúa anclado en el 9%, aunque se convierte en tan solo el 2%, si prescindimos de los intereses. Lo que indica que de nada vale que se reduzcan más y más las partidas presupuestarias si las cargas financieras se incrementan.