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Palencia: "ALTERNATIVAS SOCIOECOLÓGICAS Y MODELOS DE TRANSICIÓN"



El próximo miércoles, día 25 de mayo, nos acompañará Margarita Mediavilla para tratar el tema "Alternativas socio-ecológicas y modelos de transición". En su charla nos expondrá qué modelos alternativos podemos seguir para efectuar una transición energética y económica que permita abandonar el actual modelo de una forma ordenada.

Margarita Mediavilla Pascual es licenciada en Ciencias Físicas y actualmente profesora en la Universidad de Valladolid. Sus líneas de investigación se orientan desde hace años hacia la energía y la sostenibilidad. Pertenece al grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid, que es un referente a nivel europeo y publica este (muy recomendable) blog:http://www.eii.uva.es/energiasostenible/

Ha colaborado desde hace años en diversos colectivos y organizaciones sociales como Red de Consumidores de Productos Ecológicos, Asamblea Ciclista, y es miembro de Ecologistas en Acción. 

Te recomendamos el blog de Margarita "Habas contadas" :  https://contadashabas.wordpress.com/


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Marga Mediavilla: ¿De cuánta energía podremos disponer realmente?

(Reproducimos un nuevo artículo de Marga Mediavilla publicado en nuestro blog hermano en ElDiario.es el pasado día 12 de enero.)
El hecho de que el precio del petróleo esté cayendo en los últimos meses no debería hacernos olvidar que la crisis energética sigue avanzando por debajo de las fluctuaciones del mercado. Los cambios tecnológicos y sociales profundos requieren décadas, y desde esa perspectiva deberíamos ver la crisis energética: estudiando el agotamiento de los combustibles fósiles décadas antes de su inicio y buscando alternativas también con décadas de adelanto.
La mejor forma de conocer cuánta energía nos queda realmente es dejar de lado la inmediatez de la prensa y las declaraciones interesadas de las compañías energéticas, y echar un vistazo a las publicaciones científicas. Para ello, el Segundo Congreso sobre el Pico del Petróleo organizado recientemente por la UNED en Barbastro es un escaparate privilegiado que, además, puede consultarse en diferido en los vídeos y documentos de su página web.
En este congreso, el sueco Mikael Höök, uno de los mayores expertos en petróleo y gas del mundo, proporcionaba datos de los 38 estudios científicos de estimaciones de agotamiento del petróleo publicados hasta la fecha en revistas científicas sujetas a revisión por pares, los 18 publicados para el gas natural y los también 18 publicados para el carbón. Los datos se despliegan en diferentes curvas debido a la incertidumbre y la cautela que suelen acompañar los resultados científicos, pero la mayor parte de estas curvas indican el estancamiento y posterior declive de la extracción mundial de petróleo en torno a 2020, sobre 2030 para el gas, y en torno a 2040 para el carbón (figuras 1, 2 y 3).

Visiones del cielo y el infierno de la crisis (energética)

FUENTE: ÚltimoCero

ATTAC Castilla y León

Fue en el año 2007 cuando escribí estos textos. Todavía estábamos en plena burbuja inmobiliaria y el paisaje de nuestras ciudades estaba lleno de grúas y edificios en construcción. Algunos habíamos oído hablar del pico del petróleo y la enorme burbuja financiera que se estaba preparando y pensábamos que el pinchazo iba a ser mucho mayor de lo que se esperaba. Entonces me dio por escribir estas dos visiones de futuro desde el punto de vista de la crisis energética: una positiva que llamé “el cielo” y otra negativa, “el infierno”. Han pasado apenas seis años y, de momento, se puede constatar que estamos yendo hacia “el infierno” con bastante fidelidad, aunque también es cierto que está surgiendo un deseo de cambiar hacia muchas de las cosas que se describen en “el cielo”.

Esperemos que rememorar estos textos pueda servir para que encontremos una salida a esta crisis, que probablemente está mucho más causada por la energía de lo que se suele pensar y cuya solución probablemente pasa por virar a este “cielo”. Un cielo muy diferente del modelo consumista actual y que puede parecer austero, pero es una utopía atractiva en muchos aspectos y, sobre todo, coherente con el futuro de baja energía que - cada vez se ve más claramente- nos va a tocar vivir.

El infierno de la crisis energética

Parece mentira que los anuncios de la tele sigan repitiendo ese espejismo manido de antes de la crisis energética. Seguimos viendo anuncios de complacientes y aletargados muchachos en eterna y fácil juventud que incitan a consumir compulsivamente. Y digo yo que a quien irán destinados los anuncios, si la gente que conozco no tiene con qué consumir. Aunque consumidores para esos anuncios de la abundancia habrá, ya lo creo. En las urbanizaciones de la periferia se sigue manteniendo el estilo de vida de antes. Urbanizaciones cercadas con grandes muros y vigiladas por toda una corte de seguratas. Los miembros de estas elites se siguen desplazando en automóvil, hacen ostentación porque se lo pueden permitir, aunque se les vaya en ello el salario… Bueno, el salario no, la renta, porque este país se ha convertido en una aristocracia. Los dueños de las grandes empresas y los banqueros, se han convertido en terratenientes y propietarios de las viviendas y viven de las rentas.

Los demás seguimos atados al transporte público, escaso y abarrotado, pero siempre "deficitario" lo que hace que el Ayuntamiento siga sin invertir en ello y tengamos que aguantar colas, esperas interminables y largas jornadas laborales que se incrementan con el tiempo del transporte. El caso es que siguen existiendo miles de viviendas vacías en el centro de las ciudades, pero pertenecen a las elites que no quieren vender a los precios actuales, y esperan a encontrar una buena coyuntura o a que las viviendas se derrumben. Los demás, ni vivimos en el campo, lo cual tiene la ventaja de poder cultivar algunas verduras, ni vivimos en el centro de la ciudad, lo cual tiene la ventaja de no depender del transporte público. Tampoco podemos marcharnos al campo, porque todas las ganancias del boom inmobiliario se vertieron hacia la agricultura y la tierra se ha concentrado en agrobusiness enormes. Estamos volviendo a lo que antes llamábamos aristocracia latifundista. Ante todo esto los ocupas proliferan, tanto en el campo como en la ciudad, pero la represión es feroz.

Muchos se han lanzado a la bicicleta, pero las noticias de ciclistas muertos son el pan nuestro de cada día. Las ciudades son, si cabe, más agresivas que antes. Hay menos coches, pero siguen siendo muchos y, ante la falta de alternativas, los que tienen la suerte de tener un salario, destinan gran parte de su sueldo al automóvil. Se consume biodiesel aún sabiendo que se está deforestando el planeta con ello. No hay carriles bici ni respeto a los ciclistas. Los miembros de las elites hacen gala de sus 4x4 y se burlan de los ciclistas, porque ciclista es sinónimo de pobre.

La electricidad más o menos tiene un suministro estable, porque es de origen nuclear, pero los precios son astronómicos, porque el uranio escasea. Dicen que van a tener que cerrar centrales dentro de poco por falta de uranio y no sé qué tendremos que hacer para calentar mínimamente las casas. Lo que no tenemos son combustibles, ni vehículos eléctricos, ni trenes, ni tranvías, seguimos con los coches de gasolina de hace 15 años. Los únicos trenes que circulan bien son los pocos AVE que se construyeron entonces, pero lo hacen a 60 km/h para ahorrar energía, pero, como por ser AVE son muy eficientes, todavía se mantienen como uno de los pocos servicios públicos.

El combustible escasea muchísimo, pero la gente, cuando consigue unos litros, sólo lo quiere para darse un paseo en su coche. No se dan cuenta de que deberíamos racionar el combustible para que tengan gasóleo los tractores. Como los agricultores no tienen gasóleo y sus ingresos están por los suelos no se pueden permitir usar tractores y se está volviendo a la yunta de bueyes. Incluso se cosecha con cosechadoras manuales, tiradas por bueyes o incluso por inmigrantes. De todas formas los salarios son tan bajos, las condiciones laborales tan desreguladas, y hay tanto trabajo negro, que llegaremos a segar con hoces.

Los alimentos están por las nubes. Hay mucha malnutrición infantil, aunque la gente no lo quiera ver. Muchos niños no comen más que pan y patatas, pero se oculta, estas cosas no salen en las noticias. A pesar de todo, vas al centro supermercado, y todos los alimentos están envueltos en plásticos y cartones de colores, como antes. Por dentro no saben a nada, yo creo que no comemos más que plástico. Las grandes cadenas distribuidoras copan toda la distribución, las pequeñas tiendas terminaron de hundirse con la crisis.

El espejismo se sigue manteniendo en los medios de comunicación, que sólo exaltan lo bien que marcha la economía, el crecimiento económico que hay y cómo hemos salido de la crisis. Sin embargo la gente trabaja cada vez más y en peores condiciones, la seguridad social, las pensiones y los salarios se deterioran. Los inmigrantes siguen viniendo a pesar de que aquí no hay trabajo, en África la situación es todavía más dantesca. Aquí se enfrentan a los grupos nazis, que proliferan como las setas, ante la pasividad general. Los obreros tienen que culpar a alguien de sus problemas y no se atreven a meterse con los de arriba. Todos los medios de protesta han sido suprimidos: el miedo al terrorismo anarquista e islámico ha callado la boca a cualquier disidencia. Los anarquistas han tomado la senda violenta y eso ha sido la cuartada perfecta: cualquier crítica al capitalismo termina en la cárcel.

Nuestra red de la patata sigue trabajando en la clandestinidad. Cogemos el coche eléctrico que construyo Javier y nos turnamos para ir por las noches a la huerta, a la lechería de Megeces y a Cabezón a por alubias y trigo. Eso nos ayuda bastante, son alimentos de buena calidad, de agricultores ecológicos de toda la vida que todavía aguantan. Nos las arreglamos para pagar a base de servicios y de jornales en el campo cuando no aceptan el dinero devaluado. Pero todo ello expuestos a las inspecciones de sanidad, porque la venta directa está prohibida y además nos vigilan como grupo anarquista.

El cielo de la crisis energética

Desde que, en el 2006, el precio del petróleo empezó a subir y comenzó la crisis energética, ha cambiado mucho nuestro día a día. Las bicicletas se han adueñado de las ciudades. Desde que la industria del automóvil entró en decadencia y se cerraron las fábricas, la gente declaró la guerra al automóvil. No se podía permitir que el coche consumiera el combustible que se necesitaba para producir alimentos. Las protestas ciudadanas consiguieron normas que obligan a pintar un carril verde para bicis en todas las calles de dos o más carriles. Lo bueno es que el aire está más limpio y, aunque no hay dinero para invertir en obra pública ni en jardines, las ciudades son más amables, silenciosas, amplias y limpias ahora que no hay tanto coche.