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Palencia: "COLAPSO Y DECRECIMIENTO. POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL DE CREER"



Este miércoles, día 11 de mayo, nuestro compañero Mario España continuará con este ciclo sobre los "Límites del crecimiento" presentando el tema "Colapso y decrecimiento. Por qué es tan difícil de creer."

En su charla analizará cuáles son las causas culturales y la manipulación informativa que impiden a la mayoría de la población aceptar la realidad de un futuro de decrecimiento y, seguramente, de colapso. 

Puedes acceder a artículos publicados por Mario España en la web de Attac España en los siguientes enlaces: 



(Si crees que es interesante, ayúdanos a difundir. ¡Gracias!)

Palencia: Propaganda, Lenguaje y Manipulación

Encuentros con ATTAC comienzan en Palencia el próximo miércoles día 25 de febrero, con el tema PROPAGANDA, LENGUAJE Y MANIPULACIÓN. que expondrá nuestro compañero Mario España. Será en el Consejo de la Juventud (junto a la estación de autobuses) a la 7 de la tarde.

Por supuesto, estáis todos invitados.

PALENCIA: Charla "TRATADO TRASATLÁNTICO de COMERCIO e INVERSIÓN, TTIP ¿Están nuestros derechos en peligro de extinción?"


Martes 8 de julio – 19h
ASOCIACIÓN VECINOS EL CARMEN
(C/ STA MARÍA DE LA CABEZA, 23) Palencia

Charla-debate
MARIO ESPAÑA CORRADO
Vicepresidente de ATTAC CyL
Tema: 
TRATADO TRASATLÁNTICO de COMERCIO e INVERSIÓN, TTIP
¿Están nuestros derechos en peligro de extinción?

Encuentros con ATTAC en Salamanca: Propaganda y manipulación del pensamiento

Los Encuentros con ATTAC continúan en Salamanca el próximo 30 de abril con la charla-coloquio "Propaganda y manipulación del pensamiento" impartida por Mario España Corrado. El acto tendrá lugar en la Sala 3 del Centro Municipal "Julián Sánchez El Charro" a las ocho de la tarde.


ATTAC es una organización internacional surgida en torno a la reivindicación de gravar los movimientos de capital con una tasa, la Tasa Tobin, transformada en el Impuesto Robin Hood desde 2011. 
Los procesos de desregulación y de control, propugnados por los poderes financieros, y el avance de las políticas neoliberales de vaciamiento democrático, triunfantes desde los años finales del siglo XX, han impulsado y reforzado el papel de esta organización como movimiento de acción ciudadana. Hoy intentamos ser especialmente activos frente a los desmanes y recortes sociales de los gobernantes y organismos internacionales que han utilizado la crisis como excusa para imponer, legitimar y reproducir el proyecto de barbarie y el sueño de una sociedad de siervos que alientan los grandes poderes sociales y económicos del sistema capitalista.
Entendemos que, en esta lucha, el espacio de confrontación cultural y simbólica adquiere especial relevancia y con ese objetivo ponemos en marcha estos Encuentros que inicialmente se articulan en torno a estos asuntos:
  • La larga marcha del neoliberalismo. Honorio Cardoso. 28 de enero.
  • Hay alternativas. Ramón García. 25 de febrero.
  • La indefensión aprendida. Alberto Marcos. 25 de marzo.
  • Propaganda y manipulación del pensamiento. Mario España. 30 de Abril
  • La reforma del sector eléctrico. Cristina Simal. 28 de Mayo.


PROPAGANDA Y MANIPULACIÓN DEL PENSAMIENTO

La lectura del material relativo a la manipulación de la opinión pública norteamericana en 1917, destinada a convencer a la ciudadanía de que, para mantener la paz mundial, era necesario hacer la guerra al ogro alemán, puede producir cierta sorpresa. No sólo porque la mayor parte de aquella sociedad no fuese consciente de la burda forma en que era engañada, sino porque cuesta creer que tantos millones de adultos hayan sido llevados al extremo de fanatismo que describen los textos. Y, peor aún, porque esa manipulación continúa todavía, y con el mismo grado de zafiedad.
Para poder comprender este hecho histórico, hemos de tener en cuenta factores tales como las características de aquella población y de sus clases dominantes; también la ambigüedad y distorsiones del lenguaje, el diferente significado concedido a las mismas palabras –“libertad”, “democracia”- en distintas sociedades y períodos. Trataremos de todo esto bajo el título genérico de “Propaganda y manipulación del pensamiento.”

Decisiones difíciles

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León.

Ante la decadencia (económica, moral, ideológica, cultural…) del sistema capitalista,  expresada sobradamente en la llamada “crisis” (que es en realidad una estafa y un saqueo), los sujetos individuales o sociales que aspiren a revertir tal situación, se enfrentan a dos opciones muy dispares que los obligan a una difícil decisión.  De una parte, esforzarse por modificar los abusos más flagrantes del sistema, volviendo a situaciones anteriores menos injustas e inhumanas. Es la “refundación del capitalismo” que deseaba Sarkozy, el “capitalismo con rostro humano” u otros apelativos posibles.  O, por el contrario, luchar por subvertir y reemplazar radicalmente la sociedad existente, considerada inaceptable, por otra de signo contrario: no capitalista, y económica, moral, ideológica y culturalmente nueva.  Es la “revolución desde abajo” que propiciábamos en un artículo anterior, una revolución no considerada como acto de “toma del poder” sino como proceso de construcción. De la elección que hagamos dependerá el objetivo general a determinar, así como buena parte de los instrumentos necesarios y una parte importante de la ruta.

Compleja opción, desde luego, ya que en todo momento estaremos obrando desde dentro del sistema, sometidos a la influencia y reglas de juego del poder, y casi todo lo que nos propongamos se verá inexorablemente teñido, contaminado por ellas. El “precio a pagar”, además, será muy distinto.

Decidirse por el rostro humanizado, es decir limar las mayores asperezas –limpiar la fachada, hacer reformas internas, pintar, pero sin tocar cimientos ni  pilares de sostén- puede ser, como dice el dicho, pan para hoy pero hambre para mañana. El capitalismo es depredador por esencia, está obligado a ello por su propia dinámica. Podemos parchear, remendar sus excesos –frenarlo durante un tiempo, como hizo el New Deal rooseveltiano y como ha intentado siempre la socialdemocracia- pero volverá por sus fueros y fortalecido, aumentado. Entonces habremos perdido tiempo y energías, pues el esfuerzo realizado para lograr ese freno (el “precio”) habrá devenido inútil, y estaremos abocados a otro mucho mayor.  Se ha señalado reiteradas veces la similitud entre el momento actual y la crisis de 1929 que Roosevelt parcheó; sin embargo, no estamos como entonces, sino bastante peor. Entre otras cosas, el capitalismo de hoy (a diferencia del de la Gran Depresión), además de inhumano es inviable ecológicamente.

Esta opción puede verse como menos problemática y costosa, ya que no se trata de edificar partiendo de cero sino de una remodelación y embellecimiento. Pero al ser inestable y superficial, solo envoltura, este pan para hoy tendrá siempre suspendido sobre su cabeza, como la clásica espada, el siempre posible hambre para mañana. Y, peor aún, la amenaza de quedar apresados en la hegemonía e influjo  del capital  (inalterados al no cuestionarse sus bases) aún cuando se lograra controlarlo relativamente a través del aparato institucional. Esa es la enseñanza que nos ha quedado de la fugacidad del New Deal, tanto como de las grandes revoluciones del siglo pasado.  Por si todo esto fuese poco,  el resultado obtenido no será nunca la utopía soñada, sino apenas lo que hemos sabido y podido alcanzar.

Elegir en cambio luchar por una sociedad verdaderamente alternativa, que sea lo que los pueblos anhelan, estructurada a partir de sus intereses de clase, exigirá  el trabajo consciente y resuelto del sujeto colectivo, en un proceso sistemático de creación de un futuro partiendo del cotidiano aquí y ahora; estableciendo nuevas modalidades de relación social, vínculos más estrechos y solidarios entre todos para desarrollar una cultura y unos valores completamente nuevos, y una lógica de funcionamiento social por completo diferenciada de la vertical, intolerante, autoritaria, alienante y discriminadora del poder, cuya función predominante es la sumisión y explotación.

En un pasado no muy distante, se pudo pensar y esperar que el sistema se desplomase por sí mismo, por el avance imparable de una clase obrera fuertemente empoderada y por sus famosas contradicciones internas, que llevaban a predecir una y otra vez la crisis definitiva.  Hoy todas esas ilusiones se han desvanecido como bruma; el sistema es una apisonadora que da cuenta con facilidad de unos trabajadores que olvidaron su conciencia de clase. Si anhelamos una vida diferente, que exprese una nueva concepción del ser humano, su existencia y libertad, una civilización auténticamente democrática e igualitaria superadora del individualismo competitivo  de la actual,  deberemos edificarla a partir de nuestro impulso constante.

La formación y maduración del sujeto/agente colectivo transformador, que se autogenerará a la par que genera la transformación social y el camino hacia ella (definido con cada paso, sin ninguna seguridad o certezas) requerirá también, de todo/as y cada uno/a de nosotros/as, reformular en clave libertaria el universo personal, descubriendo y eliminando de nosotros  los inevitables pegotes y ataduras del poder: el modo en que nos penetra, impregna, influye y condiciona; la manera sutil en que obra desde nuestra propia mente; ese fetichismo que tantos autores, desde Marx hasta el presente, han mencionado presentándolo de distintas maneras. Es decir: la refundación de lo externo solamente puede lograrse comenzando con una autotransformación.

Es imposible determinar a priori el rumbo exacto del proceso de cambio, cuándo se producirá un incremento tal de las fuerzas populares que permita establecer avances significativos. Seguramente se tratará de una larga y complicada transición. (Costosa, también: sería ingenuo creer que el sistema se dejará desplazar sin contraatacar, y ya conocemos lo cruel que puede ser.) Cualquier esbozo de hoja de ruta deberá conformarse con unos pocos trazos fundamentales –ideas rectoras definidas sólo como criterios orientativos a largo plazo- y lo mismo puede decirse del proyecto total, del diseño del conjunto a construir.

Naturalmente, al hablar de sujeto colectivo estamos casi descartando que pueda estar constituido por un único y homogéneo movimiento social. En las circunstancias actuales no hay ninguno que tenga por si solo la potencia necesaria; así pues se tratará probablemente de un sujeto plural y heterogéneo. La imprescindible unión deberá fraguarse a partir de aquellos pocos trazos esenciales antes mencionados y en relación con los objetivos generales. Debemos ser capaces de aunar los esfuerzos de los distintos grupos militantes –cada uno desde lo suyo al núcleo común- encauzándolos hacia la transformación del sistema actual en otro más justo, sin clases, sin mercados tiránicos; que no tenga el lucro como finalidad última; donde trabajo, trabajador y producto no sean ya mercancías y las leyes de oferta y demanda no sean aplicadas a  bosques, aguas, simientes u órganos humanos, en fin, hasta a la vida misma.

Termino con una cita de “Tiempo de revoluciones desde abajo”, texto al que antes he aludido: “…la construcción de hombres y mujeres nuevos, de una nueva cultura … parte de un proceso contracultural hacia la conformación … de una humanidad que, conscientemente, quiera vivir de un modo diferente al impuesto por el capital y se decida a  construirlo  y  sostenerlo.”

ATTAC Castilla y León no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

Hacia la liberación

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León
Los pueblos no actúan como sujetos puros, sino como bloques contradictorios, que frecuentemente en la historia traicionan sus reivindicaciones más profundas.
Enrique Dussel

Sin olvidar la afirmación de Ramonet, de que publicidad, sondeos y marketing son “técnicas de persuasión que tienen por objeto permanente la domesticación de las mentes” señalaré una reciente encuesta del CIS –naturalmente muy discutida por el PSOE- que reafirma otra anterior de La Sexta, donde se informa que el PP, tras meses de caída en intención de voto, vuelve a aumentar ligeramente. ¿Sorprendente? No. Y sin embargo, en medio del sinfín de noticias habituales referentes a “la que está cayendo” aquí y ahora, debería serlo. Porque ¿verdaderamente existe un segmento de población que considera que la situación está bien encaminada y mejorando? ¿Verdaderamente tal sector –que, no lo olvidemos, forma parte del “nosotros” nacional- recibe y aprueba “eso que cae”, como si de auténtico maná celestial se tratara?
En realidad, poco queda ya capaz de sorprender. Desde estas mismas páginas, otros compañeros han pasado del asombro a la estupefacción y la incredulidad ante la diaria constatación de que, lo que no “cae” nunca, es la gota que desborde el vaso. O los vasos,  pues hay varios diferenciados. Hay uno que, en un “antes” idealizado, logró ser copa de fino cristal. Es la de aquellos  que luchan, sí, pero para volver atrás (sin acertar siquiera a comprender qué les está sucediendo, por qué, y quiénes son los verdaderos responsables). Si son tercera edad,  ansían regresar a los años dorados del pacto trabajo-capital (aunque en España se vivieron solamente cuando ya se aproximaban a su final). Si son más jóvenes o más modestos, al 2006, antes de que “todo” comenzara.
¡Ah, qué poca memoria tenemos! ¿Fueron esas realidades tan apetecible? ¿No había entonces injusticias, miseria? Las profundas desigualdades que ahora denunciamos no nacieron con la crisis ni con el neoliberalismo: estaban implícitas en aquel pacto y actuando, aunque disimuladas, incluso en los momentos más “dorados”. Son inherentes al capitalismo, inseparables por siempre de él. Y qué alto precio están pagando ahora los trabajadores por esa pasada bonanza, que debilitó su conciencia de clase.  ¿Qué gota, oleada, inundación requiere ese cristal para comprender que aquel momento histórico está radicalmente terminado? (Cuidado; es riesgoso querer avanzar mirando hacia atrás; uno puede tropezar y caerse.) Y luego está el vaso que siempre fue vidrio, artesanal o producido industrialmente; el buen, sólido, resistente vaso de una gran mayoría. ¿Cómo es posible que se quiebre o se vacíe antes de derramarse?
Mencionaba recientemente Josep Fontana, como característica de este inicio de milenio, esa callada aceptación y sometimiento al poder por parte de un sector considerable de la ciudadanía, “de tal manera que parece que nos lo pueden vender todo, y lo compramos, aunque no estemos de acuerdo.”¿Por qué? ¿Miedo? En muchos casos, seguramente; temor paralizante al cambio radical en el modo de vida al que nos habíamos acostumbrado; a lo desconocido que puede venir después; a perder lo poco que nos va quedando. Pero también por el desconocimiento de la auténtica realidad y lo que de verdad puede venir –está viniendo ya- como consecuencia. Y por la culpa que el sistema descarga inmisericorde sobre nosotros para que aceptemos la “expiación”. O la falsa esperanza que despliegan ante nuestra desesperada necesidad de creer: “brotes verdes” y futuros “que asombrarán al mundo”. Hay sin duda muchos porqués para tanto desconcierto, para esa pérdida de conciencia de nuestro poder como clase, y de la necesidad y el modo de mantenerlo.
¿Qué hacer entonces con tantos vasos que parecen sin fondo? ¿Cómo podríamos colmarlos de confianza en sí mismos, de determinación, o de ese fermento de valor que brota, en lo más hondo de un miedo visceral, cuando lo descartamos a fuerza de conocerlo y asumirlo? La respuesta, mi amigo, no está escrita en el viento, y no creo que pueda haber sólo una. Como el problema, la solución probablemente ha de ser múltiple y debemos buscarla a tientas, sin ninguna certeza de dónde, cómo o cuándo.
Pienso ahora solamente en que la razón de que un poder sea acatado, es menos la violencia de su represión que su capacidad de seducir o convencer con sus argumentos, por falsos y tergiversados que a nosotros nos parezcan; un discurso amañado que forma parte de una cuidadosa estrategia perfeccionada durante decenios; un montaje profundamente mentiroso y amoral, pero que utiliza todos los ardides de la psicología de masas y la religión para persuadir y por lo tanto ser obedecido. El poder es una relación de fuerzas que reside en la propia sociedad, objeto del engaño tanto como sujeto de su aceptación o rechazo. Todo ser humano, inmerso en tal esquema de relaciones, decide la dirección a tomar. Elige siempre, por acción o por omisión; aún cuando no tenga conciencia de estar optando, y también cuando se deja seducir.
Si la construcción de una sociedad mejor ha de ser tarea de todos nosotros, es imprescindible despertar las conciencias y movilizar también a los añorantes del pasado, los atemorizados o indecisos, los que se autosojuzgan o  están presos en las fabulaciones del sistema. Deberemos analizar y desmontar ante ellos todas y cada una de sus trampas de modo que puedan replantearse sus opciones con pleno conocimiento. Si podemos creer aún en la pujanza revolucionaria de la verdad, ahora es cuando verdaderamente necesitamos que ella se revele. La forjaremos como arma. ¿Con qué otra podríamos contar en esta labor? Informar constantemente, mostrar, explicar. Desarrollar el espíritu crítico -el nuestro y el de todos- llevándolo a una concepción distinta, nueva de las cosas para, superando el desorden personal de cada uno –espejo del de la sociedad entera- podamos acceder a una reacción en cadena hacia la liberación.
Explicar -¡y convencer!- para luego unirnos en la guerra común. Preguntémonos entre todos  por el tipo de mundo en que deseamos vivir y, luego, determinémonos a luchar por él. Acotemos y definamos el campo de batalla, el enemigo primordial y sus acólitos, la bandera y consignas que enarbolaremos y el por qué de nuestra lucha. Y tengamos siempre en cuenta que, si el cambio no es profundo, será apenas un emplasto, un parche, nada.
Podemos hacerlo. ¡Debemos! Pues lo contrario significaría un sufrimiento sin límites. Caer en combate –no hay certezas- es tolerable; retirarse, no.

ATTAC CyL no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

Revolución desde abajo

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León

En las actuales circunstancias, infinidad de intervenciones reiteran desde la web de ATTAC España la necesidad de encontrar medios, vías para la imprescindible transformación de la alienada  sociedad en que vivimos, construyendo otra más justa, igualitaria, social y ecológica.  Pero ¿cómo conseguir transformar esa utopía en una  realidad? ¿Cómo y hacia dónde orientar el esfuerzo? Propongo examinar una propuesta forjada en Nuestramérica.

Hace poco más de cuatro años, Isabel Rauber –doctora en filosofía, escritora argentina estudiosa de los procesos de construcción de poder- publicó en Rebelión: “Siglo XXI: tiempo de revoluciones desde abajo” donde, siguiendo pautas de Engels, define las revoluciones del siglo XX como realizadas “desde arriba”, destinadas a lograr una nueva sociedad a partir de la toma del poder y desde el aparato estatal-partidario, mediante transformaciones de los modos de producción y propiedad. Pero de este modo “el objetivo de la liberación humana, que sólo puede ser obra consciente y voluntaria de los seres humanos mismos” resultó pospuesto frente a lo económico; la revolución social no logró producir una transformación cultural. Así, la alienación heredada del régimen anterior se incrementó. “Ni hombres ni mujeres nuevos, ni sistema socialista de producción material-espiritual de la vida social.”

Frente a esto Rauber propone otros procedimientos para cambiar la realidad, a partir de un análisis de en qué consiste el poder, cuáles son sus mecanismos de producción y reproducción, cómo,  por qué medios y por quiénes puede ser transformado, y por tanto con qué objetivos y estrategias. A continuación plantea que el poder popular ha de ser construido mediante la formación de sujetos conscientes, protagonistas de un proceso revolucionario de cambios que comenzará en el seno mismo del sistema, sin esperar a una “toma del poder” que ya no será un acto de fuerza sino un proceso “articulado por la construcción de poder popular”.  En dicho proceso, el pueblo irá tomando conciencia gradual de su capacidad de poder, se irá “empoderando”.

Ahora bien, según Rauber esos sujetos revolucionarios conscientes y empoderados, capaces de producir el cambio, no existen como tales a priori sino que se irán autorrealizando  en y por la propia experiencia, desarrollando su conciencia política y sus capacidades en las resistencias y luchas, para ir conformando un sujeto plural, actor colectivo realizador de la transformación, que destruye las viejas estructuras al mismo tiempo que levanta las nuevas. Y paralelamente, el proyecto mismo de la nueva sociedad se irá también definiendo en la praxis, con la participación activa de todos: desde abajo.  Así, la revolución social es también “transformación cultural, política, ideológica y económica” y conformación de un nuevo modo de vida no capitalista.

En la coyuntura de este inicio de milenio en que eclosionan multitud de movilizaciones de protesta pero desunidas, centradas en objetivos parciales, no cohesionadas por estrategias globales y, para peor, en ocasiones con un sentido político poco claro; cuando las gestas revolucionarias del XX parecen mitos de un pasado remoto irrecuperable; cuando parece difícil continuar manteniendo algunas ideas de la ortodoxia ideológica, esta concepción rauberiana del proceso transformador se revela como posible, pese a todas sus evidentes dificultades.
¿De qué manera podemos autoconstruirnos como sujetos del cambio? Está claro que se requiere, en primer lugar, la constante toma de contacto con y análisis de la realidad a todos los niveles. Luego, una labor permanente de discusión, autocrítica y análisis político para detectar errores cometidos en el proceso y poder corregirlos. Tal como señala John Holloway, la cuestión de cómo cambiar el mundo sin tomar el poder no tiene una respuesta, sino que la pregunta se va definiendo y desarrollando a través de la experiencia y la reflexión.

Entorno a la “Servidumbre voluntaria

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León

El ataque que estamos sufriendo por parte del sistema es, no sólo total y hasta el fin, sino inteligentemente planificado: se lleva a cabo en todos los frentes a la vez y sin pausa, para obligarnos a  correr de un lado a otro sin tiempo para serenarnos y pensar. En esas condiciones es fácil, en ocasiones, perder de vista los términos reales de la pelea. Por ejemplo: que el enemigo no es un partido político, ni un gobierno, ni Merkel u Obama, sino el capitalismo. Por ejemplo: que se trata de una guerra a muerte y que la vamos perdiendo.

Javier Echeverría en su artículo de 14 agosto “Ni resignación ni desesperanza”, señala, entre otras cosas, la dificultad de “conseguir que la ciudadanía se implique activamente para hacer frente … a una situación como ésta” y, a raíz de ello, la necesidad de “estructurar y orientar poco a poco la sociedad hacia la participación política.” En similar línea, habla  Josep Fontana de “revueltas con objetivos puntuales” con las que “haces estorbo, pero no amenazas al sistema.” Y si ni siquiera llegamos a ser una amenaza, perderemos aquella guerra. Para resumir y volviendo a Fontana: hay, en una parte enorme de la ciudadanía, un “carácter de sumisión global, de acatamiento a los poderes públicos” que es necesario analizar, pues a menos que podamos revertir esa situación, estaremos condenados al fracaso.

Para explicar ese acatamiento, se ha señalado reiteradamente la pérdida de conciencia de clase en la masa –muy heterogénea- de trabajadores, derivada del “dorado” período 1945-70; una prolongada anestesia, creadora de consumidores que  aspiraban a coche/casa/segunda-vivienda/vacaciones-en-el-Caribe. Y se trata de un argumento consistente, pero desde mi punto de vista hay también otras cosas, un trasfondo nebuloso relacionado con la propia naturaleza humana, que Étienne de la Boétie denominó -¡en 1548!- Servidumbre Voluntaria, similar a lo que actualmente se conoce como Indefensión Aprendida.

Étienne de la Boétie (Francia, 1530-63) analiza, en su “Discurso de la Servidumbre Voluntaria o el Contra Uno”, los mecanismos de la aceptación pasiva de la tiranía, partiendo de la base de que los gobernantes autoritarios “no son grandes más que porque nosotros estamos de rodillas”, que los hombres que realmente desean la libertad la obtienen, y que por tanto la aceptación sumisa de la servidumbre no es causada por una presión exterior, sino consecuencia directa de las características del propio sujeto. Asombrado por este hecho e intentando explicarlo, La Boétie dice: la causa principal de constituirse los hombres voluntariamente esclavos, consiste en que nacen siervos y son educados como tales.” Educados desde siempre para obedecer a padres, maestros y profesores, jefes, obispos, policías. Empujados a creer e introyectar lo que se nos dice desde la tele, la prensa, el púlpito o cualquier figura de “autoridad” y por tanto responsabilizados, culpabilizados, temerosos, agachando la cabeza.