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Revolución desde abajo

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León

En las actuales circunstancias, infinidad de intervenciones reiteran desde la web de ATTAC España la necesidad de encontrar medios, vías para la imprescindible transformación de la alienada  sociedad en que vivimos, construyendo otra más justa, igualitaria, social y ecológica.  Pero ¿cómo conseguir transformar esa utopía en una  realidad? ¿Cómo y hacia dónde orientar el esfuerzo? Propongo examinar una propuesta forjada en Nuestramérica.

Hace poco más de cuatro años, Isabel Rauber –doctora en filosofía, escritora argentina estudiosa de los procesos de construcción de poder- publicó en Rebelión: “Siglo XXI: tiempo de revoluciones desde abajo” donde, siguiendo pautas de Engels, define las revoluciones del siglo XX como realizadas “desde arriba”, destinadas a lograr una nueva sociedad a partir de la toma del poder y desde el aparato estatal-partidario, mediante transformaciones de los modos de producción y propiedad. Pero de este modo “el objetivo de la liberación humana, que sólo puede ser obra consciente y voluntaria de los seres humanos mismos” resultó pospuesto frente a lo económico; la revolución social no logró producir una transformación cultural. Así, la alienación heredada del régimen anterior se incrementó. “Ni hombres ni mujeres nuevos, ni sistema socialista de producción material-espiritual de la vida social.”

Frente a esto Rauber propone otros procedimientos para cambiar la realidad, a partir de un análisis de en qué consiste el poder, cuáles son sus mecanismos de producción y reproducción, cómo,  por qué medios y por quiénes puede ser transformado, y por tanto con qué objetivos y estrategias. A continuación plantea que el poder popular ha de ser construido mediante la formación de sujetos conscientes, protagonistas de un proceso revolucionario de cambios que comenzará en el seno mismo del sistema, sin esperar a una “toma del poder” que ya no será un acto de fuerza sino un proceso “articulado por la construcción de poder popular”.  En dicho proceso, el pueblo irá tomando conciencia gradual de su capacidad de poder, se irá “empoderando”.

Ahora bien, según Rauber esos sujetos revolucionarios conscientes y empoderados, capaces de producir el cambio, no existen como tales a priori sino que se irán autorrealizando  en y por la propia experiencia, desarrollando su conciencia política y sus capacidades en las resistencias y luchas, para ir conformando un sujeto plural, actor colectivo realizador de la transformación, que destruye las viejas estructuras al mismo tiempo que levanta las nuevas. Y paralelamente, el proyecto mismo de la nueva sociedad se irá también definiendo en la praxis, con la participación activa de todos: desde abajo.  Así, la revolución social es también “transformación cultural, política, ideológica y económica” y conformación de un nuevo modo de vida no capitalista.

En la coyuntura de este inicio de milenio en que eclosionan multitud de movilizaciones de protesta pero desunidas, centradas en objetivos parciales, no cohesionadas por estrategias globales y, para peor, en ocasiones con un sentido político poco claro; cuando las gestas revolucionarias del XX parecen mitos de un pasado remoto irrecuperable; cuando parece difícil continuar manteniendo algunas ideas de la ortodoxia ideológica, esta concepción rauberiana del proceso transformador se revela como posible, pese a todas sus evidentes dificultades.
¿De qué manera podemos autoconstruirnos como sujetos del cambio? Está claro que se requiere, en primer lugar, la constante toma de contacto con y análisis de la realidad a todos los niveles. Luego, una labor permanente de discusión, autocrítica y análisis político para detectar errores cometidos en el proceso y poder corregirlos. Tal como señala John Holloway, la cuestión de cómo cambiar el mundo sin tomar el poder no tiene una respuesta, sino que la pregunta se va definiendo y desarrollando a través de la experiencia y la reflexión.

Ramón Fernández Durán: “Vivimos una situación potencialmente revolucionaria, pero sin un sujeto revolucionario que la acompañe”

dibujo RFD para Pelegrina
Hoy, un 10 de mayo, hace dos años murió nuestro amigo y compañero Ramón Fernández Durán, pensador, escritor, activista, miembro de Ecologistas en Acción y profesor. En su memoria publicamos hoy la entrevista que le hizo Amador Fernández-Savater en abril 2011, y publicado ahora en el libro “Fuera de Lugar. Conversaciones entre crisis y transformación”.

Siempre ha habido personas con capacidades proféticas o visionarias. Según explica Antonio Rodríguez de las Heras, no tienen nada de sobrehumano. Se trata simplemente de personas atentas al mundo, capaces de percibirlo con mucha claridad e intensidad, y de relacionar cosas dispares. Los cambios decisivos se anuncian a través de su sensibilidad, pero solemos estar demasiado distraídos para escucharles. Es entonces cuando las crisis se convierten en catástrofes.
Hace unos cuantos años, Ramón Fernández Durán, ensayista y miembro de Ecologistas en Acción, pronosticó con una sorprendente exactitud el fin de la burbuja inmobiliaria española, mientras otros nos explicaban profusamente que la dichosa burbuja no dejaría de crecer nunca. No por nada Ramón constituye una referencia clave desde hace dos décadas en los debates de la ecología política, el pensamiento crítico y los movimientos sociales en España. En su último libro, un ejercicio de «política-ficción» como él mismo lo llama, Ramón explica por qué el próximo fin de la energía fósil acarreará una ruptura histórica total. Es el argumento central de La quiebra del capitalismo global: 2000-2030, coeditado por varias iniciativas editoriales militantes en junio de 2011, en torno al que gira la presente entrevista.
Presentas este libro como un ejercicio de política-ficción, ¿qué significa eso?
Es un ejercicio de política-ficción, pero eso sí, con grandes dosis de realidad, en un momento en que estamos entrando en una bifurcación histórica total: el principio del fin de la Era de los combustibles fósiles. Lo cual implicará el fin de la energía barata para siempre y el inicio de cambios trascendentales que no hemos visto en casi trescientos años, entre ellos: el fin de la fe en el Progreso continuo. Este punto de inflexión global vendrá determinado por el llamado Pico Mundial del Petróleo, que todo indica que estamos atravesando ya, al que seguirán pronto el pico mundial del gas natural y más tarde del carbón, produciéndose por así decir tres picos en uno. El hecho es que entramos de lleno en la era del declive energético, penetrando en un territorio absolutamente desconocido.
Y la razón principal de este libro es ayudar a entender los futuros escenarios posibles, para intentar influir sobre los mismos. Pero eso sí, sabiendo también que a corto plazo, en las próximas dos décadas, vamos a tener todo el viento en contra, como argumentamos en el libro. De hecho, ya lo estamos sufriendo pues, ante toda la que está cayendo, somos incapaces de enfrentar la realidad con vías de salida que no sean las del capital, ni de proponer y que sean aceptadas de forma colectiva otras distintas (anticapitalistas, antipatriarcales, etc.).
¿Y cuál es esa ficción-realidad que describes?
La ficción-realidad que se contempla es que el declive y encarecimiento energético implicará el Fin del Capitalismo Global actualmente existente, que no sobrevivirá más allá de veinte años (de ahí la fecha del 2030 que se baraja en el libro). Será la primera etapa del Largo Colapso de la Civilización Industrial que probablemente durará unos doscientos o trescientos años. El sistema capitalista se ha podido mundializar en estos últimos trescientos años de una forma sin precedentes, y la Civilización Industrial que lo acompaña se ha convertido también en un fenómeno planetario, en especial en estos últimos treinta años: la era de la globalización económica y neoliberal. Y todo ello no hubiera sido factible sin un flujo energético en ascenso, que ha sido sustentado fundamentalmente por combustibles fósiles (que garantizan casi el 85% de la energía primaria mundial) y que ha llegado a ser en esta etapa el más barato de la historia, aunque también se recurra marginalmente a otros tipos de energía (nuclear, gran hidroeléctrica, renovables industrializadas, etc.). Y sin las posibilidades de incorporar a una tremenda fuerza de trabajo asalariada mundial a procesos productivos, que han hecho factible esta enorme capacidad de consumo energético. Por esa razón, el declive energético que se prevé, que se dará por primera vez en trescientos años y que no responde a causas técnicas, sino fundamentalmente geológicas, tendrá un impacto tan determinante como el que apunto.



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