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Gestha propone a los partidos políticos tres ejes para lograr la justicia fiscal


Gestha, junto con la Plataforma por la Justicia Fiscal, reclama a los partidos políticos medidas de justicia fiscal de cara al 20D.


Impuestos
Un sistema tributario más progresivo, más efectivos para la AEAT y mayor transparencia fiscal a las empresas, los tres ejes para una fiscalidad más próxima al ciudadano
Los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), desde la Plataforma por la Justicia Fiscal -en la que se integran asociaciones y sindicatos como CCOO, USO, ATTAC España, Economistas sin Fronteras, Oxfam Intermón, EAPN España, FONGDCAM, InspirAction, Observatorio de la RSC, Publiquen lo que pagan y Alianza contra la Pobreza- exigen a los partidos políticos que concurrirán a las elecciones generales del 20 de diciembre que incluyan en sus programas electorales medidas fiscales que garanticen una redistribución equitativa y justa de los ingresos que garantice una sociedad con igualdad de oportunidades y sustentada en el estado del bienestar.
Gestha lamenta que en la última década se haya perdido en gran medida la progresividad del sistema tributario evidenciándose un trato diferente para las rentas del trabajo y las del capital, ya que los contribuyentes con menos ingresos pagan paradójicamente más impuestos que las grandes fortunas. Actualmente, la mayor carga impositiva la soportan los contribuyentes con ingresos anuales por debajo de los 30.000 euros; un total de 15,8 millones de personas de las que 14 millones son trabajadores y pensionistas.
Asimismo, los Técnicos señalan que los impuestos indirectos -como el IVA, que todos los ciudadanos pagan independientemente de su situación económica- tienen demasiado peso en el sistema tributario español, que sobrepasa en 6.000 millones anuales la media europea, ya que gravan a todos los contribuyentes por el mismo rasero con independencia de su capacidad económica.

El peso de los impuestos directos e indirectos en la recaudación del Estado
pesoImp
Fuente: Gestha a partir de los Informes de Eurostat con datos de 2012
Figuras como las SICAVS o las ETVEs no deberían tener un gravamen mínimo o exención cuando favorecen la evasión y la elusión de impuestos
Frente a la aprobación de medidas regresivas que está acentuando la brecha de la desigualdad, Gestha propone diseñar una política tributaria más cercana a la realidad social española, es decir, más general, equitativa y progresiva, de forma prioritaria a través de una lucha decidida contra la evasión y elusión fiscal. En la actualidad la tasa de economía sumergida que hay en España supone casi el 25% del PIB, lo que se traduce en que más de 253.000 millones de euros escapan al control fiscal.
Según Gestha, en un escenario de austeridad y recortes de políticas sociales no puede resultar indiferente que la fiscalidad siga caminando hacia medidas como la bajada del tipo nominal de los impuestos de Sociedades, Sucesiones o Patrimonio. Igualmente, cree que figuras como las SICAVS o las ETVEs no deberían tener un gravamen mínimo o exención cuando favorecen la evasión y la elusión de impuestos. Las grandes empresas y fortunas –los principales beneficiados por estos vehículos de inversión- son responsables del 72% del fraude fiscal, a pesar de lo cual, solo concentran el 20% de los esfuerzos de Hacienda en este segmento.
Tres ejes para lograr la justicia fiscal
Por ello, Gestha, en consonancia con la Plataforma por la Justicia Fiscal, propone tres ejes de medidas fundamentales para avanzar hacia la denominada justicia fiscal. En primer lugar, abogan por dotar al sistema de mayor progresividad impositiva recuperando un mayor peso de la imposición directa sobre la indirecta, es decir, dando más protagonismo a la capacidad económica del ciudadano y de las empresas. Asimismo, piden igualar el tratamiento de las rentas del trabajo y las del capital, limitar los incentivos y deducciones en el Impuesto de Sociedades, implantar el Impuesto a las transacciones financiertas y abordar una decidida lucha contra el fraude y la elusión fiscal, que nos permita alcanzar un nivel de presión fiscal igual al del resto de la Eurozona. En este sentido, el colectivo estima que España pierde 79.000 millones de euros anualmente por su menor presión fiscal en comparación con la media ponderada de los países de la UE.
En segundo término, solicitan una mayor dotación de medios humanos y técnicos en la Agencia Tributaria para mejorar la lucha contra el fraude fiscal, reformando su estructura y funcionamiento, para poner mayor atención en las grandes bolsas de fraude, responsabilidad de grandes empresas y fortunas.
Por último, reclaman mecanimos que exijan mayor transparencia a las grandes empresas en materia fiscal. Entre ellos, el requerimiento de un informe económico y de pago de impuestos que refleje todos los países en los que las empresas estás presentes y que sea de acceso público.
En este sentido, los Técnicos vienen pidiendo desde hace tiempo que se haga público el modus operandi de las 4.752 mayores compañías del país, que facturan más de 45 millones de euros, ya que muchas suelen llevar a cabo una planificación fiscal agresiva con la que derivan los beneficios que obtienen en España a países de muy baja o nula tributación, contribuyendo de media tres veces menos que una pyme, cuyo tipo medio efectivo es del 15%.

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Cambio climático: armando la trampa



Silvia RibeiroLa Jornada

Aumenta el caos climático, con tormentas feroces fuera de tiempo y lugar, inundaciones donde no las había, sequías interminables, olas de frío o calor extremo, todo con impactos terribles para la gente común y peores para los más vulnerables.
Sus causas están claras: la expansión del modelo industrial de producción y consumo basado en combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), principalmente para generación de energía, sistema alimentario agroindustrial y urbanización salvaje. Urge cambiar el modelo y reducir drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero, única solución real. Pero con el poder económico de las industrias beneficiadas y los enormes subsidios que reciben de los gobiernos –a quienes retornan el favor apoyando sus campañas políticas– cambiar o reducir realmente no está en la agenda.
En lugar de ello, están armando una trampa global para seguir con sus negocios como siempre, aparentando que hacen algo para enfrentar la crisis. Su apuesta de frontera es la geoingeniería: manipular el clima para tapar el sol y bajar la temperatura, remover los gases de la atmósfera por medios tecnológicos y enterrarlos en fondos geológicos, cambiar la química de los oceános, blanquear las nubes, entre otras. Serían nuevas fuentes de negocios: seguir calentando el planeta y vender la forma de enfriarlo.
Como todo en geoingeniería es de alto riesgo, razón por la cual está bajo una moratoria en Naciones Unidas, la maniobra es comenzar por algunas técnicas, para luego legitimar el paquete. Las que empujan ahora, ante la inminencia de un nuevo acuerdo global sobre el clima que se prevé tomar en París en diciembre 2015, se llaman CCS y BECCS, por sus siglas en inglés, en castellano captura y almacenamiento de carbono y bioenergía con captura y almacenamiento de carbono. Ambas vienen de la industria petrolera, que no las usa porque no son económicamente viables.
No es cualquier industria, es la más poderosa del globo. De las 12 mayores empresas del planeta, ocho son de petróleo y energía, dos son comerciantes de alimentos y dos fabricantes de automóviles (Fortune, 2015). Son los sectores que según expertos son los principales causantes del cambio climático. Sólo 90 empresas de petróleo, energía y cemento (la mayoría privadas) son responsables de dos tercios de los gases de efecto invernadero emitidos globalmente desde 1850 (R. Heede, 2014)
Las industrias de petróleo y energía manejan una infraestructura de 55 billones de dólares en todo el planeta. Tienen reservas aún no explotadas estimadas en 25-28 billones de dólares. Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI, mayo 2015) agregó que los gobiernos subsidian a esas industrias con 5.3 billones de dólares anuales, o como calculó el diario británico The Guardian, 10 millones de dólares por minuto, durante todos los días del año 2015. Un monto mayor que los gastos de salud sumados de todos los gobiernos del mundo.
La suma estimada por el FMI incluye subsidios directos e indirectos, como los enormes gastos de salud y ambiente imputables al uso de combustibles fósiles. El informe fue contestado por fuentes empresariales, alegando que son subsidios al consumo y que otros combustibles también tienen impactos. Pero aún restando lo que le disputan, se trata de cifras exorbitantes para las empresas más contaminantes y ricas del planeta. La reforma privatizadora de la energía en México, contribuye también a subsidiarlas.
Obviamente, la industria no va a renunciar a sus inversiones y tampoco a los subsidios. Por eso, la geoingeniería es para ellas una solución perfecta: seguir calentando el planeta y cobrar por enfriarlo.
A la captura y almacenamiento de carbono (CCS) le llamaban antes Enhanced Oil Recovery (recuperación mejorada de petróleo). Se trata de inyectar dióxido de carbono (CO2) a presión en pozos de petróleo explotados, empujando las reservas profundas hacia la superficie. No se usa porque es cara y lo extraído no compensa la inversión.
Ahora, con el mágico cambio de nombre a CCS, afirman que al dejar el CO2 en los pozos, se retira de la atmósfera y es una medida contra el cambio climático –que debe recibir créditos de carbono. Sostienen que así contrarrestan emisiones de carbono de actividades contaminantes y el resultado dará emisiones netas cero. Con BECCS serían incluso emisiones negativas, porque se plantan al mismo tiempo extensos monocultivos de árboles u otras plantas, que absorban carbono y así la suma daría negativo.
No hay ninguna prueba de que funcionen y los riesgos ambientales, sociales y de salud de intentarlo son muy altos: no hay certeza de que el CO2permanezca en el fondo, el escape es tóxico para plantas, animales y humanos, contamina mares y acuíferos. Las grandes plantaciones son una pesadilla, hay movimientos contra ellas en todos los continentes, compiten con la producción alimentaria, por tierra y agua, desplazan comunidades, devastan ecosistemas.
Además, instala una nueva forma de acaparamiento de tierras, ahora subterránea, ya que no todos los terrenos son aptos para almacenar carbono. Es muy preocupante que empresas y gobiernos promotores de CCS ya han elaborado Atlas de almacenamiento geológico de CO2, que facilitarán ese acaparamiento. Existen para Norteamérica, Europa y México, éste último financiado por la Secretaría de Energía.
Shell ya está diciendo que se debe pagar a las petroleras para salvar al planeta del cambio climático con CCS y BECCS. Sería el colmo de la perversión: pagar a los culpables del caos climático, para que extraigan más petróleo y encima cobren por seguir contaminando.
Investigadora del grupo ETC


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Algo está cambiando en España, a pesar de ellos



Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España

Ahora sí. Por primera vez en mucho tiempo se puede afirmar que algo está cambiando. Los escándalos de corrupción –a niveles insoportables para una sociedad civilizada- pasan factura. Y las encuestas electorales lo certifican. La de Metroscopia para El País –que anticipa la del CIS- ha sumido en la desolación a la Congregación de Notables. Perdiendo los papeles –como el propio diario en un editorial para olvidar y que incluso moderó en la web sobre lo publicado en papel- o en tonos más conciliadores aunque vayan en el mismo sentido: Podemos es el coco.
La cadena de noticias con las que se inicia la semana deja de nuevo un paisaje devastador. O alentador, según se mire. Porque un país no puede engullir tanto sin buscar una salida.
Infolibre nos cuenta que Caja Madrid realizó quitas del 70% en créditos al PP y PSOE.  La quita al PSOE fue del 79,5% en un crédito de 2,94 millones de euros concedido en 1985. La del Partido Popular fue del 72,7% en un préstamo de 1,34 millones otorgado el mismo año. Indigna echar cuentas del regalo recibido por los partidos. Y  pensar en la de personas que han perdido su casa por no poder pagar la hipoteca, por mucha menor cuantía cuando –por la crisis- cambiaron las circunstancias de su vida. Explica también muchas actuaciones del bipartidismo. Pero realmente se queda un cuerpo estupendo para seguir pagando impuestos y todas esas cosas.
El presidente de Enresa incumple su contrato y carga gastos sin justificar en su tarjeta, informa en exclusiva @eldiarioes para evidenciar las técnicas más clásicas del cortijo en el que ha vuelto a convertir España el PP y, en particular, el feudo de Castilla-La Mancha, “regentado” por Cospedal. Es decir, esa señora que está“escandalizada” como todo el mundo por la corrupción.
Veamos los detalles:
Una auditoria interna en la empresa pública que gestiona los residuos radiactivos destapa que su presidente, Francisco Gil-Ortega, cobró gastos de viaje sin aportar las correspondientes facturas, como exige su contrato.
El secretario del consejo avisó en julio de la “incompatibilidad” entre el cobro de dietas y el abono de esos gastos “de difícil justificación”: fue despedido de inmediato.
Cuando fue nombrado, Francisco Gil-Ortega no tenía experiencia en el sector nuclear y era alguien de la máxima confianza de Cospedal; antes fue senador y alcalde de Ciudad Real con el PP.
Subiendo a Galicia, se confirman las Cajas B del PP, no solo la general, sino las territoriales como dijo Bárcenas. Al menos es lo que ha declarado a la policía, tras ser detenida, la ex contable de una empresa de la red Zeta. Revela la existencia de“dos sobres” de dinero B “destinados al PP”
En la Comunidad valenciana también tenemos novedades. Un juez investiga al gerente del Hospital General de Valencia. El ministerio público lleva a los tribunales una denuncia de Esquerra Unida por la adjudicación en Perú de dos hospitales a un conglomerado empresarial vinculado a Sergio Blasco, sobrino del exconseller Rafael Blasco. Ex, por haber sido condenado a 8 años como chorizo pata negra que, por cierto, transitó por varios partidos hasta recalar en el PP.
Y pasando al clero, un prelado que cree vivir en el papado medieval de los Borgia, o Borja, porque en realidad eran españoles. Medio centenar de curas acusan al arzobispo de Mérida-Badajoz de llevar un tren de vida de lujo escandaloso (como muestra, reside en un piso de 500 metros cuadrados) y de despilfarro. Piden medidas para frenar al hombre.
No es de extrañar que los guardianes de las esencias del sistema estén preocupados por el peligro que corre… a manos de Podemos, se temen.
Tanto es así que varios medios avanzan las soluciones que se estudian. Soraya Sáenz de Santamaría se deja querer –dicen- como sustituta de Rajoy al frente del gobierno. En el último recuento, llevaba a sus increiblemente fuertes espaldas 11 cargos. Por ejemplo el CNI que tan buenos resultados está dando: una cueva de nepotismo es. En TVE también manda mucho, no parece que para bien. Pero es que la quiere ¡El IBEX! Dicen. Y a Susana Díez mejor que a Pedro Sánchez. Soraya y Susana es el cartel que pide el dinero, el que da y perdona créditos, al bipartismo que tan estupendamente les ha funcionado a todos ellos.
Al IBEX le gustan los relevos generacionales, ahora que han palmado un par de sus prebostes y han sido sustituidos por savia nueva. El cambio en la Zarzuela ha caído bien entre el personal, Felipe y Letizia están siendo más valorados que sus antecesores en las encuestas. Algo está cambiando en España, ya iremos viendo cómo nos ponemos entre todos a construir, que no lo van a poner fácil. Porque el Rey nuevo y renovado, ha ido a un Congreso a Alicante y ha saludado a la imputadísima alcaldesa, Sonia Castedo. Foto que el PP quería evitar, nos decían.
Felipe VI ha coincidido con esta señora que tan buenas migas hacía con el constructor Enrique Ortiz. La ha saludado brevemente, según muestra -no con el mejor enfoque de cámara el vídeo-. Un gran error. Pero lo que al parecer sí se ha evitado ha sido, textualmente, la foto. En los diarios locales al menos -y por el momento- he sido incapaz de encontrarla y hay varias. Un par de ejemplos.
RREY INAUGURA XVII CONGRESO EMPRESA FAMILIAR

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En estos tiempos, ya nada puede ocultarse sin embargo y aquí está el Rey renovado y la alcaldesa imputada. Es de El Mundo. Saldrá en más, no en todos.
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Felipe VI y Sonia Castedo. Foto: El Mundo.
El Periscopio
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Que no te engañen con titulares manipulados: ahora hay menos trabajadores que cuando Rajoy llegó a la Moncloa

Eduardo Garzón – Consejo Científico de ATTAC España

Ayer los medios de comunicación convencionales volvieron a demostrar la impresionante habilidad que tienen manipulando la información al destacar como titular: “El paro, por debajo de la cifra que encontró Mariano Rajoy al llegar a La Moncloa”. ¡Y esto incluso a pesar de que el paro sin tener en cuenta los efectos de calendario aumentó de junio a julio! El cinismo y la desfachatez son aterradoras.
Recordemos que el paro registrado (la variable que ha utilizado la maquinaria propagandística) se refiere simplemente a aquellas personas que se registran como parados en el Servicio Público Empleo Estatal (el antiguo INEM). Hoy día hay menos personas registradas en el paro que cuando Rajoy llegó a la Moncloa. Vale, ¿y qué? Eso no quiere decir que los que dejaron de estar registrados estén ahora trabajando.
Vamos a ver cuántos trabajadores había cuando Rajoy llegó a la Moncloa y cuántos ahora, utilizando además dos indicadores para reforzar el análisis: número de ocupados de la EPA y número de afiliados a la Seguridad Social.
1) Cuando Rajoy ganó las elecciones había 17.807.500 trabajadores; ahora hay 17.353.000.
2) Cuando Rajoy ganó las elecciones había 17.229.921 afiliados a la Seguridad Social; ahora hay 16.747.102.
¡Qué sorpresa, estamos peor que cuando Rajoy llegó a la Moncloa!. No lo parece al leer los manipuladísimos titulares de unos medios de comunicación que están al servicio del gobierno. Tenemos que estar alerta para que no nos engañen.
Saque de Esquina
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La Cuestión ideológica

Alberto Garzón Espinosa – Consejo Científico de ATTAC España

¿Podemos seguir pensando que se acabaron las ideologías? ¿es acaso cierto que sólo queda la resignación en el marco del sistema económico capitalista? ¿está en lo cierto Frederic Jameson (1934-) cuando asegura que «hoy es más fácil imaginar el final del mundo que imaginar el final del capitalismo»? ¿Queda espacio para la utopía, ese no-lugar en el horizonte que según Eduardo Galeano (1940-) nos sirve para caminar?
Sin duda, la primera duda que nos asalta es la siguiente: ¿de qué estamos hablando cuando decimos que algo es ideológico? ¿Se están refiriendo a la misma noción el dirigente comunista que grita «¡las ideas socialistas nos liberarán!» y el tertuliano de televisión que censura a su interlocutor expresando algo del tipo «eso lo dices porque tienes ideas socialistas»? Parece obvio que el primero entiende la ideología como algo positivo, en tanto que instrumentaría la emancipación social, mientras que el segundo la entiende como algo negativo, en tanto que ocultaría o distorsionaría la verdad. ¿Podemos entonces hallar alguna definición que nos satisfaga a todos y sobre la que podamos discutir?
Desgraciadamente el estudio etimológico de la palabra no nos aporta mucho en esta tarea. Originalmente ideología significó el estudio científico de las ideas humanas, pero con el tiempo su significado se transformó en otra cosa muy distinta. Tan distinta que incluso, como estamos acostumbrados a ver en los debates políticos, prácticamente vino a expresar lo contrario, es decir, algo opuesto a lo científico. De hecho, es hoy en día práctica habitual desacreditar al oponente bajo la acusación de ser alguien ideológico.
Parece complicado llegar a algún acuerdo sobre el que poder trabajar. Efectivamente, como decíamos, el dirigente político que llama a la revolución apoyándose en las ideas socialistas está probablemente entendiendo la ideología en su versión positiva, como un sistema de ideas que promociona y legitima intereses políticos tales como los de clase. Por el contrario, el tertuliano de televisión o el político centrista probablemente esté entendiendo la ideología en una versión negativa, como aquellas ideas y creencias que oscurecen la razón y nos impiden entender correctamente la realidad. Hay poco encaje entre ambas concepciones.
Algunos de los primeros autores en estudiar con profundidad el concepto y contenido deideología fueron precisamente Karl Marx y Engels. Ambos escribieron La Ideología Alemanaen 1845, una obra dedicada a la crítica de las ideas filosóficas dominantes en la izquierda alemana. Sin embargo, según el filósofo Terry Eagleton (1943-) en tal obra podemos encontrar hasta tres definiciones diferentes de ideología. Por si fuera poco, en la posterior y magnánima obra de El Capital Marx llegó a trabajar incluso con una nueva definición más. Además, valga decir, ni siquiera todas esas definiciones son compatibles entre sí.
Podríamos, en un ejercicio salomónico, intentar definir la ideología a partir de un enfoque neutral o meramente descriptivo. Así, diríamos que la ideología es el sistema de ideas y creencias que simbolizan las concepciones y experiencias de vida de los grupos sociales. Esta definición nos permitiría deducir que todos los seres humanos tenemos ideologías y que éstas simbolizan nuestra forma de vivir y de ver el mundo en el que nos inscribimos. Pero al hacerlo así, la ideología pierde todo su sentido conceptual al no poder ser utilizada para discriminar. ¿Es la pelea de dos niños que juegan a los cromos un evento ideológico? ¿está dicha pelea al mismo nivel que un conflicto político entre dos naciones? En fin, un lío. No obstante, cada una de las definiciones existentes procede de una tradición filosófica distinta y no ha lugar en este libro a profundizar en ellas[1]. Sin embargo, y en aras de continuar, en este libro nos quedaremos con esta última definición más amplia, sin ignorar sus limitaciones.
Ahora bien, si aceptamos que todos tenemos una ideología estamos diciendo que todos analizamos nuestra realidad a partir de las creencias de las que disponemos, que naturalmente tienen su origen en la sociedad, pero también que todos podemos imaginar futuros posibles a partir de esas mismas creencias. Es decir, disponemos de unas lentes con las que vemos la realidad material y la interpretamos, pero ello también nos permite imaginar nuevos modelos de sociedad y actuar en consecuencia. Así, esas creencias nos pueden empujar a querer transformar la sociedad, a mantenerla tal y como está o a retroceder a un estadio anterior, es decir, a ser progresistas, conservadores o reaccionarios. Precisamente cuando unas determinadas creencias nos empujan a tomar una acción política es el momento en el que es más fácil que todo el mundo las acepte como ideológicas, en cualquiera de sus acepciones.
Pero también parece evidente que hay distintos conjuntos de creencias que operan a la hora de analizar lo que vemos en el día a día. Si nos cruzamos por la calle con un indigente que pide dinero para poder alimentarse podremos observar distintas reacciones, todas las cuales dependen del sistema de creencias que tengamos. Aquellas personas con creencias liberales podrían interpretar que la situación del indigente es merecida, producto de su incapacidad para ganarse la vida por sí mismo. Aquellas personas con creencias cristianas podrían verse movidos por la caridad y aceptarían de buen grado dar unas monedas a fin de paliar su situación de urgencia. Otras personas con creencias socialistas podrían interpretar esa situación como el resultado lógico del desarrollo capitalista, donde el hambre sólo puede erradicarse con una transformación radical, revolucionaria, de la estructura económica y no con acciones de caridad individual. En definitiva, cada interpretación y acción política está condicionada por las creencias que tiene cada uno, es decir, por lo que hemos definido que es su ideología.
Esta definición de ideología que hemos aceptado es coincidente con la noción de concepción del mundo y que Manuel Sacristán (1925-1985) define como:
«una serie de principios que dan razón de la conducta de un sujeto, a veces sin que éste se los formule de un modo explícito. Ésta es una situación bastante frecuente: las simpatías y antipatías por ciertas ideas, hechos o personas, las reacciones rápidas, acríticas, a estímulos morales, el ver casi como hechos de la naturaleza particularidades de las relaciones entre hombres, en resolución, una buena parte de la consciencia de la vida cotidiana puede interpretarse en términos de principios o creencias muchas veces implícitas, “inconscientes” en el sujeto que obra o reacciona.» [2]
Y aquí hemos llegado al punto que queríamos destacar. Todas las personas tenemos unaconcepción del mundo, es decir, a lo largo de nuestro desarrollo vital todos hemos adquirido socialmente principios, valores y costumbres que nos permiten responder en el día a día. Somos capaces de valorar si nos parece bien o mal el esclavismo, el aborto, la pederastia o la especulación financiera de la misma forma que somos capaces de enfrentar determinados dilemas morales que nos afectan individualmente. Y de donde extraemos las herramientas con las que tomar esas decisiones es el repertorio de creencias que podemos convenir en llamar concepción del mundo.
La concepción del mundo es cambiante, y se modifica y rearticula en función de los elementos con los que nos enfrentamos en nuestra vida. Parece evidente que la concepción del mundo de un campesino medieval se modificaría poco a lo largo de su vida, mientras que ello sería bastante distinto para un emigrante del siglo XXI. Así, todos tendríamos una determinada ideología, entendida ahora como esa caja de herramientas que nos muestra cómo es el mundo en el que nos insertamos como seres humanos.
Pero vamos a hacer ahora un ejercicio mental. Si nos encontrásemos con un individuo que niega interesarse por la política, en cualquiera de sus acepciones, y que afirma que su único principio de actuación es el que dicta el sentido común, ¿cómo podríamos interpretar su pensamiento? Es decir, ¿en qué cree el que dice que no cree?
La ideología dominante
Antonio Gramsci (1891-1937) observó que el grupo social dominante en una sociedad no siempre se ve obligado a recurrir a la coerción, o a la violencia directa, para encontrar lalealtad de los dominados. En muchas ocasiones el grupo dominante consigue inocular sus propias creencias en el conjunto de la sociedad de tal forma que aquellas toman la forma desentido común. Al naturalizarse de esta forma las creencias del grupo dominante, y en consecuencia al no ponerse en duda, éstas sirven de legitimación del poder establecido. El conformismo es, por definición, conservador. Pero a partir de ahora el conformismo es también la cristalización de la esclavitud ideológica de los subordinados para con las creencias de los grupos dominantes. Gramsci llamó hegemonía a esta capacidad de dominar política y culturalmente a otros grupos sociales. Este concepto será de extraordinaria utilidad para analizar no ya sólo las formas en las que un grupo consigue dominar «pacíficamente» al resto, sino también como reflexión en torno a cómo arrebatarle tal dominio.
En todo caso, lo que Gramsci venía a decir es que el sentido común no es otra cosa que la ideología de la clase dominante. Es decir, que no hay nada parecido a unas ideas neutrales o asépticas, libres de la contaminación ideológica. Lo que puede haber, en todo caso, es una masiva coherencia ideológica en una sociedad que lleva a los individuos a pensar que sus creencias son atemporales y universales, esto es, que son razonables porque todo el mundo las tiene. Así las cosas, Gramsci impugna la posibilidad de que haya gente que no crea en nada. Además, argumentando de esa forma Gramsci saca a todas esas personas del cómodo cajón de la neutralidad y los sitúa en el más problemático espacio del conflicto político. Si no hay espacio para la neutralidad… todos los seres humanos están tomando partido por algunas de las partes en el conflicto que es la política y la vida en sociedad. De ahí que Gramsci fuera especialmente beligerante con aquellas personas que se declarabanindiferentes ante la realidad política. El pensador italiano partió del reconocimiento de que «la indiferencia es el peso muerto de la historia» y aseguró, de forma tajante, que odiaba «a los que no toman partido» y «a los indiferentes»[3].
Esta visión de la ideología dominante, convertida en ideología hegemónica, es útil para entender cómo las creencias son funcionales al sistema político y económico. Son el ensamblaje perfecto para que los seres humanos acepten su papel en el sistema, para que no pongan en duda su situación concreta y para que se oscurezcan las posibilidades de cambio.
Por eso, aquellos que pretendemos disputar la hegemonía a la ideología dominante, la cual legitima el actual orden social, necesitamos encontrar las formas de tener éxito en nuestra empresa. Y hay que comenzar por no olvidar el papel cultural, educativo, pedagógico e ideológico de las transformaciones políticas. De hecho, Gramsci utilizó el ejemplo de la revolución soviética de 1917 para reflexionar sobre esto mismo. Vamos a verlo.
En octubre de 1917 Rusia era aún un país prácticamente feudal y con un débil desarrollo capitalista. Se trataba de «un país con una reducida renta por habitante y un bajo nivel de vida, debido al escaso índice de productividad del trabajo»[4], resultado de una industria «relativamente poco desarrollada» y de que «la inmensa mayoría de la población se dedicaba a trabajar la tierra, casi siempre en cultivos de muy bajo rendimiento, tanto por hombre como por unidad de trabajo»[5]. El resultado de todo ello era que «la posible tasa de desarrollo industrial era muy precaria»[6]. En esas circunstancias, y teniendo presente que según la teoría marxista del materialismo histórico el socialismo era la etapa siguiente del capitalismo y no del feudalismo, que era más bien lo que existía en Rusia, surgieron intensos debates entre quienes pretendían poner en marcha el socialismo en esas condiciones, los llamadospopulistas rusos, y quienes entendieron que primero era necesario industrializar el país, los llamados marxistas legales. Entre estos segundos se encontraba quien fuera posteriormente el más famoso líder revolucionario soviético, Vladimir Ilich Lenin (1870-1924).
Tras la revolución, y con los marxistas legales habiendo ganado aquel debate, los líderes comunistas compartieron la necesidad de industrializar el país como medio para poner en marcha el socialismo. Si el capitalismo había necesitado de la acumulación originaria, entendida como un inmenso proceso de acumulación de capital que diera inicio al capitalismo, y que según Marx desempeñaba «en economía política el mismo papel que desempeña en teología el pecado original»[7], el socialismo debía tener su propia acumulación originaria socialista. Y ese sería precisamente el papel de la industrialización, el de servir de palanca inicial de constitución de una sociedad comunista. No se trataba tampoco de algo fácil de decir en el marco de las ideas socialistas, pues la acumulación originaria capitalista se había caracterizado por el saqueo, la colonización, el fuego y la sangre. ¿Cuánto sacrificio y esfuerzo necesitaría tal proceso en el caso socialista? ¿sería compatible con el ideal que se defendía?
Además, en un país tan poco desarrollado y con las vías de financiación externa absolutamente cerradas, en tanto que los países capitalistas eran reacios a prestar dinero, el proceso soviético de industrialización se presentaba extraordinariamente difícil. La Nueva Política Económica impulsada por Lenin, que daba margen a la iniciativa privada y que fundamentalmente estaba diseñada para incentivar la pequeña y privada producción agraria, impidió una más eficiente producción a mayor escala pero por el contrario permitió garantizar el apoyo del campesinado. De esa forma, los reducidos excedentes agrarios eran prácticamente la única fuente para industrializar el país. Sin embargo, cada vez más el rasgo bélico imponía sus condiciones y obligaba a acelerar el proceso. Al final, en 1926 se aprobaron las políticas de industrialización rápida y forzada, con inicio en la colectivización total de la tierra, y la puesta en marcha de los Planes Quinquenales a partir de 1928 terminó de romper las alianzas con el campesinado. Eso sí, la industrialización fue extraordinariamente rápida, tanto que incluso permitió a la Unión Soviética enfrentar exitosamente a los nazis en el marco de la II Guerra Mundial, no sin un alto coste en vidas humanas. Y esto, para un país que dos decenios antes era prácticamente feudal, era impensable.
Sin embargo, ante este rápido proceso de industrialización y ante las opiniones favorables al mismo tanto del líder soviético Leon Trotski (1879-1940) como del propio Stalin, se revuelve Gramsci. El italiano observa el problema «desde el punto de vista mucho más complejo de lahegemonía, de la búsqueda no ya de mero consenso político sino de identificación de la sociedad con el proyecto industrializador que se pretende socialista, y de la creatividad social»[8]. Aquí no pretendemos entrar en quién podía o no tener razón, o qué alternativas existían, sino únicamente examinar el enfoque de Gramsci.
Lo que Gramsci sugiere es que puede existir una clase dominante que, sin embargo, carezca de hegemonía. Dice el italiano que en esos casos la hegemonía pertenecería a las antiguas clases dominantes, todo lo cual obstaculizaría un efectivo proceso de transformación. Dicho de otra forma, como los ciudadanos no han interiorizado las creencias que legitimen el nuevo sistema se producirá una disociación ideológica entre los intereses de los nuevos grupos dominantes y los intereses de los dominados, de tal forma que éstos no verían ya más comosuyo el proceso transformador[9]. Eso es lo que Gramsci critica de la estrategia de la Unión Soviética. El éxito de la industrialización rápida se alcanzaría a costa de la hegemonía cultural, cuya consecución necesariamente requiere unas condiciones distintas a las que se dan bajo esa velocidad de industrialización. No obstante, no parece que a la luz de la historia de la Unión Soviética parezca ésta una tesis generalizable. De hecho, los soviéticos consiguieron altos niveles de adscripción ideológica por parte de los ciudadanos hasta el punto de que se dieron experiencias tales como el estajanovismo, debido al minero Aleksei Stajánov (1906-1977), que propugnaba el aumento de la productividad por la vía extensiva, esto es, trabajando muchas más horas a iniciativa de los propios trabajadores.
Para comprender mejor lo que sugiere Gramsci pueden servirnos dos distopías, utopías negativas o contra-utopías, que nos ha dado el mundo de la literatura. Con ellas podremos describir más acertadamente las diferencias entre un sistema político construido bajo un estatus de hegemonía cultural y otro que no.
En la novela 1984, de George Orwell (1903-1950), el Gran Hermano es el sistema totalitario que controla la vida social y privada de los ciudadanos. Este sistema basa su fuerza en la coerción y el miedo, lo que complementa con un uso inteligente y cínico del lenguaje y de la información. Aquel ciudadano que disiente, o que se sale de los estrechos márgenes ideológicos impuestos por el sistema, es vaporizado del mundo. Lo que mantiene a los súbditos obedientes no es otra cosa que el miedo a ser asesinados por los grupos dominantes. Ese hecho provoca que los dirigentes políticos del sistema sean capaces dedoblepensar, esto es, de saber que la información que difunden es falsa pero a la vez aceptarla como verdadera. El ministerio que controla la información y la historia del país,Oceanía, se dedica continuamente a la producción de eslóganes políticos con los que adoctrinar a la población, así como a la reconstrucción de una nueva versión de la historia que legitime la política coyuntural del Gran Hermano. En esta novela tenemos claramente a un poder inmenso, casi omnipotente y omnipresente, que carece de hegemonía cultural. Los ciudadanos asumen la ideología dominante mayoritariamente por el miedo a no hacerlo. Orwell escribió la novela pensando en los sistemas políticos totalitarios del estalinismo, siendo él precisamente un reconocido militante comunista de tendencia trostkista que luchara en la Guerra Civil española en defensa de la II República y en las filas del Partido Obrero de Unificación Marxista (P.O.U.M.).
Por el contrario, en la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley (1894-1963), el sistema político parece a priori mucho más tolerante con los ciudadanos. Aparentemente éstos se comportan como quieren, si bien objetivamente no dejan de ser también súbditos del sistema, pero aceptan las creencias que el sistema impone. Así, los ciudadanos no se mantienen obedientes por medio de la coerción sino por medio del «condicionamiento» o adoctrinamiento social, es decir, de un complejo sistema por el cual a los ciudadanos se les inculca repetidamente una serie de ideas y creencias. Y ello se realiza tanto a través de su vida cotidiana como incluso durante el sueño. Haciéndose esto desde el primer día de nacimiento, los niños van interiorizando determinadas ideas que creerán realmente suyas, sin entenderlas como algo ajeno. La ayuda de sustancias químicas contribuirá, en este sistema, a mantener a los ciudadanos obedientes. Los disidentes en este elaborado sistema son tan pocos, y tan marginales, que se les permite marchar del sistema aunque sea bajo la forma del destierro. Aquí Huxley dibuja un sistema en el que fundamentalmente opera un cierto tipo de hegemonía cultural, ya que el resultado es que los ciudadanos asumen como propias las creencias del grupo dominante y aceptan como suyo el proyecto político en su conjunto. No lo ponen en cuestión.
Dicho todo esto, y saliendo del mundo de la literatura, ¿cuáles son los medios por los cuales los ciudadanos interiorizan las creencias de los grupos dominantes? ¿cómo pueden hacerse dominantes los sistemas de creencias emancipadores? es decir, ¿cómo alcanzar la hegemonía cultural necesaria para acompañar un proceso de transformación radical del sistema?
Los intelectuales y los think-tanks
La respuesta está en los intelectuales, o en cierta concepción de éstos. Y es que precisamente de la necesidad de ensamblar los intereses de los grupos dominantes con las creencias de los grupos dominados surge el papel de los intelectuales y de los llamados think-tanks, o institutos de creación de pensamiento.
Actualmente podríamos decir que la ideología dominante es sin lugar a dudas la que hemos convenido en llamar neoliberalismo. El neoliberalismo, como ideología, se basa en algunas ideas nucleares que exaltan la lógica del mercado y que critican la intervención pública en la economía. Pero esta ideología, naturalmente, no se ha convertido en dominante surgiendo de la nada. Aunque hoy tales ideas trasluzcan en los telediarios, universidades, series de televisión, películas y libros de toda naturaleza, no siempre fue una ideología dominante. Es más, uno de sus padres fundadores, de aquellos intelectuales que supieron compactar en un discurso coherente las ideas que sustentan tal ideología, Friedrich Hayek (1899-1992), definió en los años treinta del siglo XX al discurso económico del neoliberalismo como heterodoxia. Paradojas de la historia, no tardaría demasiados años en convertirse en su contracara, laortodoxia.
Para empezar, el neoliberalismo es una versión moderna, muy adaptada y radicalizada, del liberalismo clásico de la filosofía política. Como tal, postula e impone una visión del mundo «basada en el individualismo, la mercantilización de la vida social, el predominio de la competencia en las relaciones sociales, la cultura de consumo, la exaltación del éxito como criterio de mérito y el desprecio o la irrelevancia de todo tipo de valores comunitarios»[10]. Como fuentes originales, además de los planteamientos del ya citado Hayek, cabe destacar las contribuciones del economista Milton Friedman (1912-2006). De hecho, la génesis del neoliberalismo puede encontrarse en un «un pequeño embrión que, a mitad del siglo XX, se forma en la Universidad de Chicago, con Hayek y sus discípulos como núcleo (Milton Friedman entre ellos), embrión del que progresivamente se deriva una enorme red internacional de fundaciones, institutos, centros de investigación, publicaciones, académicos, escritores y relaciones públicas»[11].
Eso es lo importante para nosotros, lo que pretendemos destacar. Aún en época de dominio de la práctica ideológica keynesiana, que propugnaba la intervención del Estado en la economía, los partidarios del neoliberalismo comenzaron a crear redes de creación de pensamiento. Sin duda muy bien financiadas por aquellos sujetos económicos, tales como grandes empresas y grandes fortunas, que se beneficiarían en la práctica de la puesta en marcha de las políticas basadas en el ideario neoliberal. En todo caso, estas redes sirvieron para elaborar, desarrollar y perfeccionar teorías y discursos tanto políticos como económicos que daban coherencia a la ideología neoliberal y que permitían su difusión internacional. Al final, y llegada la crisis del keynesianismo en los años setenta del siglo XX, el neoliberalismo estaba perfectamente posicionado para dar el salto y alcanzar la hegemonía.

Villarejo: “Los fiscales generales del Estado que nombró el PSOE me prohibieron investigar a Pujol”

6 agosto 2014
Siscu Baigeseldiario.es
Los fiscales José María Mena y Carlos Jiménez Villarejo elaboraron la querella que se presentó en mayo de 1984, contra el consejo de Administración de Banca Catalana, incluido su vicepresidente ejecutivo, Jordi Pujol, entonces presidente de la Generalitat. En noviembre de 1986, el pleno de la Audiencia de Barcelona desestimó la querella, donde se acusaba Pujol y el resto de consejeros del banco de delitos de “apropiación indebida, falsedad en documento público y mercantil y maquinación para alterar el precio de las cosas”. 33 magistrados votaron en contra de procesar a Jordi Pujol mientras 8 lo hicieron a favor. La confesión del expresidente de la Generalitat del pasado 25 de julio da otra perspectiva a ese proceso. Carlos Jiménez Villarejo entiende que 30 años más tarde, el tiempo ha dado la razón y sentido a la querella que presentó junto con José María Mena. Nos lo explica.
¿Qué le ha sorprendido más? Ser elegido eurodiputado en representación de Podemos o la confesión de Jordi Pujol que durante 34 años ha tenido dinero escondido fuera de España? 
Me ha sorprendido más salir eurodiputado de Podemos. Primero, porque la previsión de votos que teníamos no era la que finalmente fue, mucho más alta de la que esperábamos. Y en segundo lugar porque todo lo que proviene de Jordi Pujol como personaje turbio, que siempre lo ha sido y continuará siendo, no me sorprende.
Esta declaración que ha hecho, que parece la de un pecador que se arrepiente ante un cura, me da pena. Es indignante e inútil. Es la continuidad y la culminación de todo un proceso delictivo al que ha dedicado gran parte de su vida. Y como que parte de este proceso ya lo comprobé muy directamente a través del caso Banca Catalana, no me ha sorprendido.
O los periodistas, los fiscales y los jueces lo hicieron muy mal cuando investigaban este caso, o la explicación del dinero evadido con la herencia es más una excusa que una realidad. 
No tengo porque saber nada de las herencias de Pujol o de cualquier otro político. Pero tengo serias dudas de que lo que ha dicho sea verdad. El origen de ese dinero importa poco. Fluye de muchas partes. De la vida política, empresarial y económica de Jordi Pujol y sus hijos. Esto de la herencia es una forma de confundir a la gente. Hay que saber en qué consiste esta fortuna, donde está y el origen concreto, real y preciso de estos caudales que tiene depositados, al parecer, en varios paraísos fiscales.
¿Puede ser dinero que saliera de Banca Catalana en su momento? 
Esto exigiría una investigación judicial rigurosa y seria que, por ahora, no veo en el horizonte inmediato. Los miembros del consejo de administración de Banca Catalana -todos o la inmensa mayoría-salieron beneficiados porque antes de que se produjera su hundimiento, la quiebra, salvaguardaron perfectamente sus intereses, sus acciones y valores asociados a la actividad bancaria.
Esto, en perjuicio de los miles de accionistas que salieron totalmente perjudicados, y que, confundidos por el planteamiento falso de la quiebra que hizo Jordi Pujol, ni siquiera se atrevieron a personarse en la causa y reclamar lo que habían perdido. Cuando algunos fueron llamados a declarar, tampoco fueron porque estaban engañados y sugestionados ya que Banca Catalana se presentaba como un instrumento de la causa de Cataluña.
A la luz de la confesión actual de Jordi Pujol cuesta más de entender la negativa de la Audiencia a investigar la querella del caso Banca Catalana. 
Siempre fue difícil de entender. Hay un dato que puede parecer anecdótico pero que no lo es. Cuando concluyó la investigación judicial y se inicia la fase oral, el juez instructor preparó toda la documentación del proceso -declaraciones, documentos bancarios de Inspección de Hacienda- y la puso a disposición de los magistrados para que la consultaran y se informaran adecuadamente de las razones por las que la Fiscalía pedía el procesamiento Jordi Pujol y la mayoría de consejeros de Banca Catalana. Muchos de los magistrados que debían pronunciarse ni siquiera fueron a la Audiencia para recoger las fotocopias preparadas para cada uno de ellos, con nombres y apellidos. Y lo tenían muy cerca porque trabajaban allí. Ya tenían predeterminado que votarían en contra y algunos de ellos, incluso, se jactaban, en determinados círculos. Tenían una toma de posesión previa a favor de Jordi Pujol.
Esto demuestra el nivel de connivencia política, ideológica, que había. También de cobardía de magistrados que concluyeron que no había motivo para procesar a Jordi Pujol. Sólo ocho magistrados, encabezados por Antonio Doñate y Margarita Robles pidieron su procesamiento.
La querella se presentó en un momento delicado de la consolidación democrática.
Estábamos en una situación clave en la historia de Cataluña, en la que se iniciaba el proceso autonómico. Pujol había sido elegido presidente de la Generalitat y se había convertido en el símbolo de una nueva etapa en Cataluña y aunque era evidente su responsabilidad penal en los delitos que le imputaban, el Tribunal, a conciencia, evitó que el proceso continuara, que fuera juzgado y eventualmente condenado -que habría sido lo justo- y a partir de ahí se creó un clima de impunidad.
Clima de impunidad que le fue perfecto para seguir operando en su política, social y económica de forma arbitraria y fuera del peligro de cualquier persecución judicial, que sabía que no existiría porque él controlaba perfectamente la parte del poder judicial que le interesaba.
Tendremos que confiar en que un día, algunos de estos magistrados expliquen en sus Memorias razones por el voto contra el procesamiento de Jordi Pujol que hasta ahora no han explicado? 
No creo que se atrevan a contar nada que pueda constituir prevaricación, aunque haya prescrito. Aquella decisión perjudicó la imagen y la respuesta justa que un juez debía dar a una situación en la que había indicios muy claros de la responsabilidad de ese consejo de administración y de Jordi Pujol
Si el caso Banca Catalana se produjera hoy, ¿se resolvería igual? 
No. Hoy no se resolvería igual. Han pasado muchos años. Han tardado mucho en llegar unos jueces, unos fiscales, unos tribunales capaces de afrontar la delincuencia empresarial, “de cuello blanco”. Ya no estamos en los años 1984-1986, los años del proceso de Banca Catalana. Estamos ante una situación diferente. Años después empezaron a caer mitos de las élites sociales y económicas, en su día. El primer símbolo de ello fue la caída de Mario Conde, condenado a 20 años de prisión.
¿Se pueden comparar las actuaciones de Jordi Pujol y Mario Conde?
La situación de Pujol en Banca Catalana fue similar a la Mario Conde en Banesto. Había similitudes, no todas, pero algunas sí. Hoy hay abiertos un conjunto de procesos muy importantes contra todos los responsables de las cajas de ahorros que han hundido estas entidades a través de la emisión de productos fraudulentos y que, además de defraudar a los inversores y ahorradores, se han enriquecido.
Ya veremos cuál es el resultado de estos procesos en marcha, pero muchos dirigentes han declarado como imputados y algunos, como los responsables de Caixa Penedès, ya están condenados, cierto que a unas penas inferiores a las que habría, y el proceso está cerrado. Ha cambiado la perspectiva del enfoque de la delincuencia de “cuello blanco”, los poderosos, en el ámbito económico.
Hoy la respuesta judicial al caso Banca Catalana no sería la misma.
¿Cómo sería Cataluña hoy si el proceso judicial por el caso Banca Catalana hubiera apartado Jordi Pujol de la política? 
Posiblemente, Cataluña estaría más centrada en ser un país no tan envuelto en banderas, mitos y futuros imaginarios, sino preocupado por tener más justicia, más igualdad, mejor reparto de la riqueza, mejor prestación de los servicios públicos universales de sanidad, educación, servicios sociales…
Sería un país diferente que habría acabado con la mitología que rodeó a Jordi Pujol durante 23 años y que luego continuó Mas, después del período corto del tripartito, que recogió las banderas de Pujol para llegar donde estamos ahora. No hay que olvidar que Mas fue consejero de Economía en el último gobierno de Jordi Pujol. Esto ha condicionado mucho la vida política de Cataluña.
Los gobiernos de Jordi Pujol han sufrido bastantes acusaciones de corrupción pero ha habido pocas sentencias firmes contra sus miembros. 
Una quinta parte de los consejeros de Jordi Pujol han sido imputados por algún delito. La Fiscalía de Barcelona abrió diligencias de investigación de consejeros como Macià Alavedra y muchos otros. Hubo momentos en que se planteó al fiscal general del Estado la presentación de querellas contra consejeros de Jordi Pujol por delitos de “apropiación indebida”, “falsedad”, “malversación de dinero público”… Los fiscales generales del Estado, en esa etapa nombrados por el PSOE, me prohibieron que iniciara ninguna investigación y paralizaron siempre cualquier investigación que pudiera perjudicar a Convergencia Democrática y, particularmente a Jordi Pujol a través de sus consejeros.
Fue una etapa de una profunda y amplia corrupción en el seno de los gobiernos de Jordi Pujol, que representaba la continuidad de lo que había empezado en Banca Catalana. Sin embargo hubo un cierre absoluto de los respectivos fiscales generales, todos al servicio de Jordi Pujol. Ahora, cuando se plantea el tema de la relación Cataluña-España, hay que recordar que en aquellos momentos los gobiernos de Felipe González -también los del PP, pero menos- protegieron a Pujol y a los gobiernos de CiU de todas las actuaciones penales que les pudieran perjudicar. Me resulta indignante que ahora hablen de España como si fuera el gran enemigo cuando durante tantos años haciendo actuaciones ilícitas, fraudulentas y delictivas, han sido protegidos por ese Estado que ahora parece que detestan tanto.
¿Qué razón tenía el Gobierno de Felipe González para proteger a Jordi Pujol? 
Entre otras razones porque en alguno de estos periodos, Jordi Pujol apoyó al Gobierno de Felipe González, cuando perdió la mayoría absoluta. Y también porque a partir de la querella de Banca Catalana y la negativa de la Audiencia Territorial de Barcelona a procesarlo, Pujol se convirtió en un personaje invulnerable ante la justicia. Había un pacto más expreso que tácito entre el Gobierno del PSOE y luego el del PP que Pujol era intocable.
Mucha gente dice que se le ha caído la venda pujolista de los ojos después de tantos años. ¿Teme que el proceso independentista se convierta en una venda similar?
Estoy convencido. No sé porque el pueblo de Cataluña debe estar empeñado en buscar un instrumento para taparse los ojos y no ver la realidad que le rodea. La realidad es que vivimos en una sociedad cada vez más desigual, con más pobres, más familias desamparadas, débiles económicamente y casi sin asistencia, con una crisis profunda de todas las instituciones y servicios públicos, como la educación y la sanidad.
Hace unos días visité los pacientes del hospital de Bellvitge que se negaban a ser trasladados de planta porque el departamento de Salud lo quería hacer para cerrar plantas. Había un clima de indignación profunda, de protesta porque lo entendían como una forma de aplastar a las clases sociales y reducir los recursos públicos. “Si perdemos eso lo perdemos todo”, me decían pacientes que hacía dos o tres meses que estaban ingresados en el hospital con enfermedades graves.
¿La causa independentista desdibuja estas luchas?
En una sociedad donde ocurre esto, hablar de mitos y banderas esteladas me parece un engaño más. Como el que planteó Jordi Pujol en 1984, cuando salió al balcón del Palau de la Generalitat y dijo que el gobierno central había hecho una jugada indigna y quería robar la honorabilidad de Cataluña. Hacía falta un nivel altísimo de cinismo porque era perfectamente consciente de que la crisis de Banca Catalana era el resultado de su pésima gestión y del abuso de poder económico que se usó para beneficiar a determinadas personas e iniciativas.
Creo que el dinero que vaciaron de Banca Catalana pudo ir a bolsillos particulares de los consejeros pero también a Convergència Democrática de Cataluña, que estaba empezando a funcionar. Cuando has vivido experiencias como la de Bellvitge, de las muchas que se pueden vivir hoy en Cataluña, es indignante que una parte de la sociedad no se dé cuenta de que estamos ante una de las realidades más injustas del Estado español. Esta situación se ha ido gestando a lo largo de muchos años pero la ha agravado el gobierno de Artur Mas al poner al frente del departamento de Salud a los dirigentes de la patronal privada de la Unión Catalana de Hospitales, con el consejero Boi Ruiz al frente.
¿La confesión de Jordi Pujol supondrá el fin o el principio del fin de Convergència Democrática? 
No me atrevo a hacer pronósticos de ese tipo, porque no es mi especialidad. El dato objetivo es que tenemos una persona que ha confesado que tiene dinero oculto en paraísos fiscales, que ha defraudado a España y Cataluña y que ha presidido el gobierno de este país durante 23 años. Tenemos que concluir que ha habido un delincuente gobernando Cataluña durante 23 años.
¿Pujol, como fundador de CDC, deslegitima con su actuación el partido que hoy preside Artur Mas?
En los gobiernos de aquellos años mandaba el partido de Pujol, CDC. Resulta difícil creer que ninguno de los miembros de esos gobiernos, sobre todo los más vinculados al área económica, como Macià Alavedra o Lluís Prenafeta, no supieran nada del patrimonio oculto de Pujol en paraísos fiscales. Y me resulta difícil creer que el equipo dirigente de Convergència Democrática ignorara esta realidad.
CDC ha perdido la legitimidad democrática que le daban los votos porque ha defraudado a sus votantes y a los ciudadanos de Cataluña y ha utilizado el poder para rque muchos de sus consejeros se enriquecieran, incluido su presidente. Si hubiera pasado sólo un par de años, podríamos pensar que era un caso puntual, pero ha sido un plan predeterminado de quitar a Cataluña gran parte de sus bienes y servicios para llevar a las consecuencias que hemos llegado. No se puede estar 34 años ocultando un patrimonio en un paraíso fiscal sin que las personas más cercanas a Pujol y al partido estuvieran al tanto de lo que pasaba. Ha habido silencios calculados, complicidades y un plan premeditado para permitir que CDC fuera un instrumento de enriquecimiento de sus dirigentes y su presidente en particular.
Esto es inaceptable y deslegitima a CDC para dirigir cualquier proceso, no sólo el soberanista.
Al conocer la confesión de Jordi Pujol, qué sensación ha tenido? ¿Cómo se siente? ¿Resentido? ¿Justificado? ¿Frustrado? ¿Entristecido? 
Es profundamente injusto que se utilice el poder político para confundir y defraudar a los ciudadanos. Eso sí que es una jugada indigna. La que han hecho Jordi Pujol y su partido a lo largo de tantos años, desde 1980 hasta ahora mismo. Una jugada indigna de políticos que han sacrificado los intereses de la sociedad catalana a sus intereses particulares. Una jugada indigna y antidemocrática que hace que CDC no merezca, a estas alturas, ninguna confianza. Y me sorprende que haya partidos de izquierda que, en estos momentos, estén pactando con CDC acuerdos relacionados con el proceso soberanista. Me produce una enorme tristeza, porque no es lo que correspondería a la izquierda catalana.

ATTAC CyL no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

Decisiones difíciles

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León.

Ante la decadencia (económica, moral, ideológica, cultural…) del sistema capitalista,  expresada sobradamente en la llamada “crisis” (que es en realidad una estafa y un saqueo), los sujetos individuales o sociales que aspiren a revertir tal situación, se enfrentan a dos opciones muy dispares que los obligan a una difícil decisión.  De una parte, esforzarse por modificar los abusos más flagrantes del sistema, volviendo a situaciones anteriores menos injustas e inhumanas. Es la “refundación del capitalismo” que deseaba Sarkozy, el “capitalismo con rostro humano” u otros apelativos posibles.  O, por el contrario, luchar por subvertir y reemplazar radicalmente la sociedad existente, considerada inaceptable, por otra de signo contrario: no capitalista, y económica, moral, ideológica y culturalmente nueva.  Es la “revolución desde abajo” que propiciábamos en un artículo anterior, una revolución no considerada como acto de “toma del poder” sino como proceso de construcción. De la elección que hagamos dependerá el objetivo general a determinar, así como buena parte de los instrumentos necesarios y una parte importante de la ruta.

Compleja opción, desde luego, ya que en todo momento estaremos obrando desde dentro del sistema, sometidos a la influencia y reglas de juego del poder, y casi todo lo que nos propongamos se verá inexorablemente teñido, contaminado por ellas. El “precio a pagar”, además, será muy distinto.

Decidirse por el rostro humanizado, es decir limar las mayores asperezas –limpiar la fachada, hacer reformas internas, pintar, pero sin tocar cimientos ni  pilares de sostén- puede ser, como dice el dicho, pan para hoy pero hambre para mañana. El capitalismo es depredador por esencia, está obligado a ello por su propia dinámica. Podemos parchear, remendar sus excesos –frenarlo durante un tiempo, como hizo el New Deal rooseveltiano y como ha intentado siempre la socialdemocracia- pero volverá por sus fueros y fortalecido, aumentado. Entonces habremos perdido tiempo y energías, pues el esfuerzo realizado para lograr ese freno (el “precio”) habrá devenido inútil, y estaremos abocados a otro mucho mayor.  Se ha señalado reiteradas veces la similitud entre el momento actual y la crisis de 1929 que Roosevelt parcheó; sin embargo, no estamos como entonces, sino bastante peor. Entre otras cosas, el capitalismo de hoy (a diferencia del de la Gran Depresión), además de inhumano es inviable ecológicamente.

Esta opción puede verse como menos problemática y costosa, ya que no se trata de edificar partiendo de cero sino de una remodelación y embellecimiento. Pero al ser inestable y superficial, solo envoltura, este pan para hoy tendrá siempre suspendido sobre su cabeza, como la clásica espada, el siempre posible hambre para mañana. Y, peor aún, la amenaza de quedar apresados en la hegemonía e influjo  del capital  (inalterados al no cuestionarse sus bases) aún cuando se lograra controlarlo relativamente a través del aparato institucional. Esa es la enseñanza que nos ha quedado de la fugacidad del New Deal, tanto como de las grandes revoluciones del siglo pasado.  Por si todo esto fuese poco,  el resultado obtenido no será nunca la utopía soñada, sino apenas lo que hemos sabido y podido alcanzar.

Elegir en cambio luchar por una sociedad verdaderamente alternativa, que sea lo que los pueblos anhelan, estructurada a partir de sus intereses de clase, exigirá  el trabajo consciente y resuelto del sujeto colectivo, en un proceso sistemático de creación de un futuro partiendo del cotidiano aquí y ahora; estableciendo nuevas modalidades de relación social, vínculos más estrechos y solidarios entre todos para desarrollar una cultura y unos valores completamente nuevos, y una lógica de funcionamiento social por completo diferenciada de la vertical, intolerante, autoritaria, alienante y discriminadora del poder, cuya función predominante es la sumisión y explotación.

En un pasado no muy distante, se pudo pensar y esperar que el sistema se desplomase por sí mismo, por el avance imparable de una clase obrera fuertemente empoderada y por sus famosas contradicciones internas, que llevaban a predecir una y otra vez la crisis definitiva.  Hoy todas esas ilusiones se han desvanecido como bruma; el sistema es una apisonadora que da cuenta con facilidad de unos trabajadores que olvidaron su conciencia de clase. Si anhelamos una vida diferente, que exprese una nueva concepción del ser humano, su existencia y libertad, una civilización auténticamente democrática e igualitaria superadora del individualismo competitivo  de la actual,  deberemos edificarla a partir de nuestro impulso constante.

La formación y maduración del sujeto/agente colectivo transformador, que se autogenerará a la par que genera la transformación social y el camino hacia ella (definido con cada paso, sin ninguna seguridad o certezas) requerirá también, de todo/as y cada uno/a de nosotros/as, reformular en clave libertaria el universo personal, descubriendo y eliminando de nosotros  los inevitables pegotes y ataduras del poder: el modo en que nos penetra, impregna, influye y condiciona; la manera sutil en que obra desde nuestra propia mente; ese fetichismo que tantos autores, desde Marx hasta el presente, han mencionado presentándolo de distintas maneras. Es decir: la refundación de lo externo solamente puede lograrse comenzando con una autotransformación.

Es imposible determinar a priori el rumbo exacto del proceso de cambio, cuándo se producirá un incremento tal de las fuerzas populares que permita establecer avances significativos. Seguramente se tratará de una larga y complicada transición. (Costosa, también: sería ingenuo creer que el sistema se dejará desplazar sin contraatacar, y ya conocemos lo cruel que puede ser.) Cualquier esbozo de hoja de ruta deberá conformarse con unos pocos trazos fundamentales –ideas rectoras definidas sólo como criterios orientativos a largo plazo- y lo mismo puede decirse del proyecto total, del diseño del conjunto a construir.

Naturalmente, al hablar de sujeto colectivo estamos casi descartando que pueda estar constituido por un único y homogéneo movimiento social. En las circunstancias actuales no hay ninguno que tenga por si solo la potencia necesaria; así pues se tratará probablemente de un sujeto plural y heterogéneo. La imprescindible unión deberá fraguarse a partir de aquellos pocos trazos esenciales antes mencionados y en relación con los objetivos generales. Debemos ser capaces de aunar los esfuerzos de los distintos grupos militantes –cada uno desde lo suyo al núcleo común- encauzándolos hacia la transformación del sistema actual en otro más justo, sin clases, sin mercados tiránicos; que no tenga el lucro como finalidad última; donde trabajo, trabajador y producto no sean ya mercancías y las leyes de oferta y demanda no sean aplicadas a  bosques, aguas, simientes u órganos humanos, en fin, hasta a la vida misma.

Termino con una cita de “Tiempo de revoluciones desde abajo”, texto al que antes he aludido: “…la construcción de hombres y mujeres nuevos, de una nueva cultura … parte de un proceso contracultural hacia la conformación … de una humanidad que, conscientemente, quiera vivir de un modo diferente al impuesto por el capital y se decida a  construirlo  y  sostenerlo.”

ATTAC Castilla y León no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

Hacia la liberación

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León
Los pueblos no actúan como sujetos puros, sino como bloques contradictorios, que frecuentemente en la historia traicionan sus reivindicaciones más profundas.
Enrique Dussel

Sin olvidar la afirmación de Ramonet, de que publicidad, sondeos y marketing son “técnicas de persuasión que tienen por objeto permanente la domesticación de las mentes” señalaré una reciente encuesta del CIS –naturalmente muy discutida por el PSOE- que reafirma otra anterior de La Sexta, donde se informa que el PP, tras meses de caída en intención de voto, vuelve a aumentar ligeramente. ¿Sorprendente? No. Y sin embargo, en medio del sinfín de noticias habituales referentes a “la que está cayendo” aquí y ahora, debería serlo. Porque ¿verdaderamente existe un segmento de población que considera que la situación está bien encaminada y mejorando? ¿Verdaderamente tal sector –que, no lo olvidemos, forma parte del “nosotros” nacional- recibe y aprueba “eso que cae”, como si de auténtico maná celestial se tratara?
En realidad, poco queda ya capaz de sorprender. Desde estas mismas páginas, otros compañeros han pasado del asombro a la estupefacción y la incredulidad ante la diaria constatación de que, lo que no “cae” nunca, es la gota que desborde el vaso. O los vasos,  pues hay varios diferenciados. Hay uno que, en un “antes” idealizado, logró ser copa de fino cristal. Es la de aquellos  que luchan, sí, pero para volver atrás (sin acertar siquiera a comprender qué les está sucediendo, por qué, y quiénes son los verdaderos responsables). Si son tercera edad,  ansían regresar a los años dorados del pacto trabajo-capital (aunque en España se vivieron solamente cuando ya se aproximaban a su final). Si son más jóvenes o más modestos, al 2006, antes de que “todo” comenzara.
¡Ah, qué poca memoria tenemos! ¿Fueron esas realidades tan apetecible? ¿No había entonces injusticias, miseria? Las profundas desigualdades que ahora denunciamos no nacieron con la crisis ni con el neoliberalismo: estaban implícitas en aquel pacto y actuando, aunque disimuladas, incluso en los momentos más “dorados”. Son inherentes al capitalismo, inseparables por siempre de él. Y qué alto precio están pagando ahora los trabajadores por esa pasada bonanza, que debilitó su conciencia de clase.  ¿Qué gota, oleada, inundación requiere ese cristal para comprender que aquel momento histórico está radicalmente terminado? (Cuidado; es riesgoso querer avanzar mirando hacia atrás; uno puede tropezar y caerse.) Y luego está el vaso que siempre fue vidrio, artesanal o producido industrialmente; el buen, sólido, resistente vaso de una gran mayoría. ¿Cómo es posible que se quiebre o se vacíe antes de derramarse?
Mencionaba recientemente Josep Fontana, como característica de este inicio de milenio, esa callada aceptación y sometimiento al poder por parte de un sector considerable de la ciudadanía, “de tal manera que parece que nos lo pueden vender todo, y lo compramos, aunque no estemos de acuerdo.”¿Por qué? ¿Miedo? En muchos casos, seguramente; temor paralizante al cambio radical en el modo de vida al que nos habíamos acostumbrado; a lo desconocido que puede venir después; a perder lo poco que nos va quedando. Pero también por el desconocimiento de la auténtica realidad y lo que de verdad puede venir –está viniendo ya- como consecuencia. Y por la culpa que el sistema descarga inmisericorde sobre nosotros para que aceptemos la “expiación”. O la falsa esperanza que despliegan ante nuestra desesperada necesidad de creer: “brotes verdes” y futuros “que asombrarán al mundo”. Hay sin duda muchos porqués para tanto desconcierto, para esa pérdida de conciencia de nuestro poder como clase, y de la necesidad y el modo de mantenerlo.
¿Qué hacer entonces con tantos vasos que parecen sin fondo? ¿Cómo podríamos colmarlos de confianza en sí mismos, de determinación, o de ese fermento de valor que brota, en lo más hondo de un miedo visceral, cuando lo descartamos a fuerza de conocerlo y asumirlo? La respuesta, mi amigo, no está escrita en el viento, y no creo que pueda haber sólo una. Como el problema, la solución probablemente ha de ser múltiple y debemos buscarla a tientas, sin ninguna certeza de dónde, cómo o cuándo.
Pienso ahora solamente en que la razón de que un poder sea acatado, es menos la violencia de su represión que su capacidad de seducir o convencer con sus argumentos, por falsos y tergiversados que a nosotros nos parezcan; un discurso amañado que forma parte de una cuidadosa estrategia perfeccionada durante decenios; un montaje profundamente mentiroso y amoral, pero que utiliza todos los ardides de la psicología de masas y la religión para persuadir y por lo tanto ser obedecido. El poder es una relación de fuerzas que reside en la propia sociedad, objeto del engaño tanto como sujeto de su aceptación o rechazo. Todo ser humano, inmerso en tal esquema de relaciones, decide la dirección a tomar. Elige siempre, por acción o por omisión; aún cuando no tenga conciencia de estar optando, y también cuando se deja seducir.
Si la construcción de una sociedad mejor ha de ser tarea de todos nosotros, es imprescindible despertar las conciencias y movilizar también a los añorantes del pasado, los atemorizados o indecisos, los que se autosojuzgan o  están presos en las fabulaciones del sistema. Deberemos analizar y desmontar ante ellos todas y cada una de sus trampas de modo que puedan replantearse sus opciones con pleno conocimiento. Si podemos creer aún en la pujanza revolucionaria de la verdad, ahora es cuando verdaderamente necesitamos que ella se revele. La forjaremos como arma. ¿Con qué otra podríamos contar en esta labor? Informar constantemente, mostrar, explicar. Desarrollar el espíritu crítico -el nuestro y el de todos- llevándolo a una concepción distinta, nueva de las cosas para, superando el desorden personal de cada uno –espejo del de la sociedad entera- podamos acceder a una reacción en cadena hacia la liberación.
Explicar -¡y convencer!- para luego unirnos en la guerra común. Preguntémonos entre todos  por el tipo de mundo en que deseamos vivir y, luego, determinémonos a luchar por él. Acotemos y definamos el campo de batalla, el enemigo primordial y sus acólitos, la bandera y consignas que enarbolaremos y el por qué de nuestra lucha. Y tengamos siempre en cuenta que, si el cambio no es profundo, será apenas un emplasto, un parche, nada.
Podemos hacerlo. ¡Debemos! Pues lo contrario significaría un sufrimiento sin límites. Caer en combate –no hay certezas- es tolerable; retirarse, no.

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Revolución desde abajo

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León

En las actuales circunstancias, infinidad de intervenciones reiteran desde la web de ATTAC España la necesidad de encontrar medios, vías para la imprescindible transformación de la alienada  sociedad en que vivimos, construyendo otra más justa, igualitaria, social y ecológica.  Pero ¿cómo conseguir transformar esa utopía en una  realidad? ¿Cómo y hacia dónde orientar el esfuerzo? Propongo examinar una propuesta forjada en Nuestramérica.

Hace poco más de cuatro años, Isabel Rauber –doctora en filosofía, escritora argentina estudiosa de los procesos de construcción de poder- publicó en Rebelión: “Siglo XXI: tiempo de revoluciones desde abajo” donde, siguiendo pautas de Engels, define las revoluciones del siglo XX como realizadas “desde arriba”, destinadas a lograr una nueva sociedad a partir de la toma del poder y desde el aparato estatal-partidario, mediante transformaciones de los modos de producción y propiedad. Pero de este modo “el objetivo de la liberación humana, que sólo puede ser obra consciente y voluntaria de los seres humanos mismos” resultó pospuesto frente a lo económico; la revolución social no logró producir una transformación cultural. Así, la alienación heredada del régimen anterior se incrementó. “Ni hombres ni mujeres nuevos, ni sistema socialista de producción material-espiritual de la vida social.”

Frente a esto Rauber propone otros procedimientos para cambiar la realidad, a partir de un análisis de en qué consiste el poder, cuáles son sus mecanismos de producción y reproducción, cómo,  por qué medios y por quiénes puede ser transformado, y por tanto con qué objetivos y estrategias. A continuación plantea que el poder popular ha de ser construido mediante la formación de sujetos conscientes, protagonistas de un proceso revolucionario de cambios que comenzará en el seno mismo del sistema, sin esperar a una “toma del poder” que ya no será un acto de fuerza sino un proceso “articulado por la construcción de poder popular”.  En dicho proceso, el pueblo irá tomando conciencia gradual de su capacidad de poder, se irá “empoderando”.

Ahora bien, según Rauber esos sujetos revolucionarios conscientes y empoderados, capaces de producir el cambio, no existen como tales a priori sino que se irán autorrealizando  en y por la propia experiencia, desarrollando su conciencia política y sus capacidades en las resistencias y luchas, para ir conformando un sujeto plural, actor colectivo realizador de la transformación, que destruye las viejas estructuras al mismo tiempo que levanta las nuevas. Y paralelamente, el proyecto mismo de la nueva sociedad se irá también definiendo en la praxis, con la participación activa de todos: desde abajo.  Así, la revolución social es también “transformación cultural, política, ideológica y económica” y conformación de un nuevo modo de vida no capitalista.

En la coyuntura de este inicio de milenio en que eclosionan multitud de movilizaciones de protesta pero desunidas, centradas en objetivos parciales, no cohesionadas por estrategias globales y, para peor, en ocasiones con un sentido político poco claro; cuando las gestas revolucionarias del XX parecen mitos de un pasado remoto irrecuperable; cuando parece difícil continuar manteniendo algunas ideas de la ortodoxia ideológica, esta concepción rauberiana del proceso transformador se revela como posible, pese a todas sus evidentes dificultades.
¿De qué manera podemos autoconstruirnos como sujetos del cambio? Está claro que se requiere, en primer lugar, la constante toma de contacto con y análisis de la realidad a todos los niveles. Luego, una labor permanente de discusión, autocrítica y análisis político para detectar errores cometidos en el proceso y poder corregirlos. Tal como señala John Holloway, la cuestión de cómo cambiar el mundo sin tomar el poder no tiene una respuesta, sino que la pregunta se va definiendo y desarrollando a través de la experiencia y la reflexión.

Entorno a la “Servidumbre voluntaria

Mario España Corrado – ATTAC Castilla y León

El ataque que estamos sufriendo por parte del sistema es, no sólo total y hasta el fin, sino inteligentemente planificado: se lleva a cabo en todos los frentes a la vez y sin pausa, para obligarnos a  correr de un lado a otro sin tiempo para serenarnos y pensar. En esas condiciones es fácil, en ocasiones, perder de vista los términos reales de la pelea. Por ejemplo: que el enemigo no es un partido político, ni un gobierno, ni Merkel u Obama, sino el capitalismo. Por ejemplo: que se trata de una guerra a muerte y que la vamos perdiendo.

Javier Echeverría en su artículo de 14 agosto “Ni resignación ni desesperanza”, señala, entre otras cosas, la dificultad de “conseguir que la ciudadanía se implique activamente para hacer frente … a una situación como ésta” y, a raíz de ello, la necesidad de “estructurar y orientar poco a poco la sociedad hacia la participación política.” En similar línea, habla  Josep Fontana de “revueltas con objetivos puntuales” con las que “haces estorbo, pero no amenazas al sistema.” Y si ni siquiera llegamos a ser una amenaza, perderemos aquella guerra. Para resumir y volviendo a Fontana: hay, en una parte enorme de la ciudadanía, un “carácter de sumisión global, de acatamiento a los poderes públicos” que es necesario analizar, pues a menos que podamos revertir esa situación, estaremos condenados al fracaso.

Para explicar ese acatamiento, se ha señalado reiteradamente la pérdida de conciencia de clase en la masa –muy heterogénea- de trabajadores, derivada del “dorado” período 1945-70; una prolongada anestesia, creadora de consumidores que  aspiraban a coche/casa/segunda-vivienda/vacaciones-en-el-Caribe. Y se trata de un argumento consistente, pero desde mi punto de vista hay también otras cosas, un trasfondo nebuloso relacionado con la propia naturaleza humana, que Étienne de la Boétie denominó -¡en 1548!- Servidumbre Voluntaria, similar a lo que actualmente se conoce como Indefensión Aprendida.

Étienne de la Boétie (Francia, 1530-63) analiza, en su “Discurso de la Servidumbre Voluntaria o el Contra Uno”, los mecanismos de la aceptación pasiva de la tiranía, partiendo de la base de que los gobernantes autoritarios “no son grandes más que porque nosotros estamos de rodillas”, que los hombres que realmente desean la libertad la obtienen, y que por tanto la aceptación sumisa de la servidumbre no es causada por una presión exterior, sino consecuencia directa de las características del propio sujeto. Asombrado por este hecho e intentando explicarlo, La Boétie dice: la causa principal de constituirse los hombres voluntariamente esclavos, consiste en que nacen siervos y son educados como tales.” Educados desde siempre para obedecer a padres, maestros y profesores, jefes, obispos, policías. Empujados a creer e introyectar lo que se nos dice desde la tele, la prensa, el púlpito o cualquier figura de “autoridad” y por tanto responsabilizados, culpabilizados, temerosos, agachando la cabeza.

Sí, está claro, pero ¿Qué vamos a hacer?

Antonio Fuertes Esteban – ATTAC Acordem.


Sabemos, por nuestros estimados profesores críticos y economistas, que los bancos y el sistema financiero en general domina la economía, con mano de hierro de dictadura financiera; pero también por muchas historias de vida, por muchos parados, desahuciados o empobrecidos..
Sabemos que hay una forma de hacer las cosas, desde el poder político, más social, ecológica, democrática y humana. Sin embargo el poder político se empeña en hacer prevalecer las mismas recetas que han llevado a la crisis a la inmensa mayoría para seguir alimentando la codicia de una minoría. Las recetas que marcan, a los políticos, los plutócratas a través de las instituciones financieras internacionales.
Sabemos que la actual democracia no es más que un bonito cuento alimentado por nuestros políticos, jueces y académicos del sistema, que quieren creer en ella porque ésta hace ver como que ellos gobiernan y les sirve para vivir de un servicio cada vez más profesionalizado,  salir en los medios y hacer sus discursos vacuos.
Sabemos que los señoritos globales de las multinacionales y las corporaciones financieras se reparten criminalmente grandes beneficios hundiendo el mundo del trabajo, la economía, la sociedad y el medio ambiente y sin que por ello paguen ningún impuesto o contra-prestación a la sociedad.
Sí, ya conocemos todos los cuentos, lo malo es que algunos quieran seguir meciéndonos en la cuna de sus cuentos, en que la recuperación es posible, en que con austeridad saldremos, o en que son socialistas o de izquierdas, otros, ¡Ja!
¿Y los ciudadanos y ciudadanas? ¿Vamos a seguir llorando y quejándonos a “papá” Estado de que nuestro primo rico nos roba y nos humilla? ¿Creemos que realmente el llorar sirve de algo, que cambiará algo? ¿Creemos que los poderes del Estado van a hacer que nuestro primo el de las transnacionales pague por sus desafueros? Lo más seguro es que “papá” Estado seguirá sirviendo a los señoritos globales que es lo que viene haciendo. ¡Claro! Los señoritos financian a los gestores en su pugna y su ejercicio.
¿Necesitamos saber mucho más para responsabilizarnos y comprometernos, para dejar de ser administrados y pasar a administrar nuestra propia vida, para dejar de ser supuestos protegidos y llorones y pasar a ser mayores de edad? ¿Es el Estado quien ha de emanciparnos? ¿Es desde las estructuras del Estado desde donde nos emanciparemos los ciudadanos?
¡NO! al actual Estado lo hemos de combatir para recuperar el control de los salvajes poderes económicos y para eso hemos de organizarnos, para lograr cambiar las leyes. Pero además, para emanciparnos hemos de tener claro que nuestro enemigo de clase son los señoritos plutócratas globales y que son los que marcan el rumbo y la velocidad de la nave. Estos señoritos, hoy ya globales, no tienen lealtad a territorio alguno ¿Para qué si pueden circular libremente poseyendo todo a su paso?
Hemos de organizarnos contra ellos, igual que las primeras organizaciones obreras se levantaron contra los amos en el S. XIX (a los que por cierto también protegían los estados), e idearon los instrumentos de lucha del proletariado, los centros obreros, casas del pueblo, ateneos, la prensa obrera repartida mano a mano, la huelga, el sabotaje, la desobediencia civil…. Hoy hemos de hacer un ejercicio de coraje y de imaginación para re-inventar las formas de lucha, mejorando las clásicas y re-inventando nuevas contra el poder, que hoy es global.
A la tradicional huelga hay que vestirla con nuevos procedimientos y añadirle nuevas formas de acción civil no violenta, de desobediencia civil. Por poner un ejemplo ¿Porqué los profesores desde la infantil hasta la universidad se han de limitar a reproducir el currículum sistémico? ¡Vamos a Wert! Hay que trabajar desde el mundo de la educación por el compromiso social, por el compromiso planetario, el profesorado ha de hacer desobediencia civil curricular. Los médicos atender a pacientes vulnerables y a los que el gobierno ha dejado sin prestación. Cada función social, cada profesión habría de encontrar motivos y espacios de desobediencia civil. Lo mismo respecto a las formas de consumo o de ocio. Cambiar el sistema pasa por vulnerar la norma opresora.
Pero necesitamos de nuevo el compromiso, de nuevo el COMPROMISO. Es necesario además promover un sentimiento de ciudadanía global. Hemos de iniciar la construcción, desde el poder ciudadano, de una nueva INTERNACIONAL.
Si queremos, de verdad, hacer algo por la sociedad actual, por nuestra gente, por las futuras generaciones; el compromiso personal y colectivo, la organización y el encuentro, más allá de diferencias no sustanciales, es el único camino que nos queda. No podemos cerrar los ojos ante el despotismo que nos oprime y nos atenaza. Combatirlo necesita esfuerzos que muchos no estamos dispuestos hoy a satisfacer. Esto no es un juego, es una lucha de clases y van ganando sobradamente. O reaccionamos o acaban poniéndonos las cadenas para siglos.
Lo primero organizarnos ¡¡ Contra los actuales tiranos, los señoritos globales!!
¡¡POR UN FRENTE CIUDADANO CONTRA EL PODER FINANCIERO !!!
¡Organízate ya!!

ATTAC Castilla y León no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.